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| Turbidez. Pilar Iturralde 2024 |
El tratamiento de los vertidos de aguas residuales de Zaragoza, tanto en su aspecto de gestión como técnico, es un asunto bastante tratado en este blog. En ese sentido, la situación por la que atraviesa la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de La Cartuja, prorrogada su concesión en 2024 durante seis años (hasta 31 de mayo de 2030), sigue siendo un punto débil del sistema del que no se informa con la necesaria perspectiva que permita conocer a la ciudadanía el alcance real de un problema que se arrastra en el tiempo. En esto, como en cualquier otro aspecto de gestión de la Res Pública, es preciso un diagnóstico acertado al que queremos contribuir con este resumen de acontecimientos, proyectos y valoraciones.
Ya en la conocida como “Lista Falciani” de evasores fiscales a través de la banca suiza aparecen nombres españoles. Uno de ellos, Didac Fábregas con casi 5 Millones de euros de razones, militante en los años 80 del Partido Socialista de Cataluña y amigo personal del que fuera alcalde de Zaragoza, Antonio González Triviño. Fábregas participó, a través de su consultoría EIASA, en el estudio previo del concurso de adjudicación de la EDAR de La Cartuja que recayó en el grupo francés OTV (posteriormente VEOLIA) del que era socio. Hubo sobrecostes en la compra de los terrenos y un barullo de facturas falsas por cientos de millones de pesetas, que acabó sobreseído en el año 2000.
Eran tiempos de aparente bonanza en que corría el Vega Sicilia. Tiempos de crecimientos olímpicos, de trenes de alta velocidad y de adoración al progreso infinito, caldo de cultivo de parásitos sociales, expertos en desviar el dinero de todos al bolsillo de muy pocos. Algo de lo que la sociedad española no se libra todavía.
En este estado de cosas, la estación depuradora de aguas residuales (en adelante EDAR) de La Cartuja no empezó con buen pie. La “decantación lamelar en circuito cerrado” fue la técnica elegida para su funcionamiento y fue presentada como una gran innovación. Pero el paso del tiempo ha contradicho su prometida eficacia ya que ha sido origen de dificultades de mantenimiento y de costosas reparaciones. Sobre su construcción gravitaron, desde el comienzo, las sombras de una corrupción que nunca se depuró. La instalación costó a los zaragozanos 6600 millones de pesetas más de los 15.900 millones de pesetas en los que fue auditada tras su construcción. Se tardaron 30 años en pagarse y ahora, cuando se ha prorrogado su concesión a la misma empresa, si no inservible, la EDAR de La Cartuja tiene serios problemas de funcionamiento a los que hay que añadir una red de colectores que arrastra años de dejación.
Los años han demostrado que, pese al optimismo del momento inaugural, la depuración de las aguas de la mayor concentración humana de toda la cuenca del Ebro sigue pendiente de solución. Esto convierte a Zaragoza en causa principal de los problemas de contaminación del río más caudaloso de la península. Problemas que no son pocos y que aumentan en la medida que lo hacen las expectativas de utilización de sus aguas, sea para una agro-ganadería que no parece tener límite, la intención de construir un corredor del hidrógeno en el valle del Ebro o el crecimiento incesante de proyectos de instalación de centros de datos.
La EDAR no hubiera tenido mayores problemas si los efluentes que la alimentan fueran de carácter urbano o asimilable a urbano ya que para eso es para lo que estaba concebida. Tiene buen comportamiento en lo que se refiere a la Demanda Biológica de Oxígeno (DBO), a la Demanda Química de Oxígeno (DQO) o a los sólidos en suspensión. Los mayores problemas están ocasionados por vertidos industriales (30%, según UTEDEZA). Son estos los que la someten a un estrés de funcionamiento y la exponen al incumplimiento de los parámetros de vertido que exige la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).
Los problemas aparecieron con la llegada de vertidos industriales autorizados por los condicionados ambientales del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) pero con altos contendidos de sulfatos y otros contaminantes de composición no asimilable a vertido urbano ordinario. Esta circunstancia, además de complicar el proceso y poner en peligro el resultado final de la depuración, también produce un deterioro mayor de la propia instalación, no diseñada para soportar esos compuestos químicos.
Esta es la situación en la que se encuentra en la actualidad la EDAR de La Cartuja y con la que habrá que lidiar hasta el 2033, año en el que la Unión Europea tiene previsto activar nuevos parámetros más exigentes en los vertidos finales de las depuradoras de grandes núcleos de población. Estos nuevos límites afectan sobre todo al fósforo, al nitrógeno, micro-plásticos y restos de medicamentos y cosméticos. Es fácil deducir que la actual EDAR no podrá cumplirlos y, con toda probabilidad, difícilmente pueda llegar a ese momento en el estado de eficacia que la ciudad exige.
Para mucho antes de esa fecha habría que tener planificado un nuevo esquema global del sistema de depuración en Zaragoza contemplando la previsible construcción de una o varias depuradoras que se adapten a los nuevos requerimientos. Cuál pueda ser la ubicación o ubicaciones más adecuadas, la tecnología a implantar y su gestión son preguntas que se deberían empezar a hacer; sin olvidar el coste de esta ambiciosa operación y su forma de financiación.
Un hecho que empeora las cosas en la calidad del vertido final de Zaragoza al río Ebro y que no se conoce lo suficiente, es el asunto de la Margen Izquierda de nuestra ciudad en la que residen unas 150.000 personas.
En situación que podríamos definir como “normal”, sus vertidos se bombean a la orilla derecha a través de la Estación del Vado y van a parar a la EDAR de La Cartuja. Pero eso no ocurre todos los días del año. Cuando el Ebro alcanza una determinada cota en régimen de avenida, las aguas del río, cargadas de lodo, inundan los colectores a través de los aliviaderos ubicados necesariamente cerca del río. Para “defender” la integridad de la EDAR y evitar su colapso no queda otro remedio que cortar el flujo de agua residual que se habrá mezclado con agua del río y que sería imposible de tratar en la depuradora. En esos momentos esas aguas residuales van directamente al río, evidentemente sin depurar.
Se alega que cuando eso ocurre el río lleva un caudal importante, pero no cabe duda que el trato que le damos al río, a sus ecosistemas ribereños y a las poblaciones aguas abajo que se abastecen de ellas no es el que todos merecen. Esta problemática necesita un estudio profundo para poder acometer soluciones en un futuro lo más cercano posible.
Sabemos que desde hace por lo menos un año estaba previsto monitorizar el proceso que ocurre en esa inundación de colectores para diagnosticar el problema como punto de partida en la búsqueda de soluciones y solamente la modelización del sistema puede llevar dos o tres años de trabajo. No tenemos noticias de que dicha modelización haya comenzado y cuanto las tengamos daremos cuenta de ello.
Del segundo causante de las dificultades con las que tiene que operar esa EDAR, algo hemos adelantado ya anteriormente. El gran aporte de sulfatos de una empresa ubicada también en la margen izquierda (Polígono Industrial de Malpica). Se trata de la Industrial Química del Ebro (IQE). Sus vertidos se suman al colector del propio polígono que precisa otro bombeo para llegar a la EDAR de La Cartuja.
La empresa cuenta con la correspondiente Autorización Ambiental Integrada (AAI) concedida por el INAGA y que ha sido motivo de sucesivas modificaciones, motivadas, entre otras cosas, por el aumento de su producción y por tanto de su vertidos. La llegada de esas concentraciones de sulfatos no es uniforme, su dilución varía por días y horas y eso complica enormemente su tratamiento que no se puede adaptar a esas secuencias irregulares de concentración. Esto tiene consecuencias negativas provocando un deterioro de las instalaciones que entran en contacto con sustancias para las que no están preparadas. A ello hay que añadir que los sulfatos dificultan la depuración biológica del fósforo de todo el vertido tratado en la EDAR. El resultado es un vertido final con parámetros muy cercanos al incumplimiento del condicionado ambiental de la depuradora e incluso sobrepasados en algún momento.
A la vista de esta situación tan problemática, en enero de 2026, el Ayuntamiento de Zara-goza, UTEDEZA e IQZ han suscrito un “convenio para la mejora de la evacuación de los vertidos a cauce público de la mercantil Industrias Químicas del Ebro”. El objeto del convenio no es otro que ..
”establecer un marco de medidas transitorias que permita compaginar la actividad productiva actual de IQE con la admisión de vertidos en el sistema municipal posibilitando el proceso de desarrollo por la empresa de un sistema de vertido de las aguas residuales que garantice una disminución sustancial del efecto negativo del vertido tratado para obtener unos vertidos cuyas cargas contaminantes sean homogéneas, estables y mínimas, o bien la búsqueda de alternativas a la conexión a la red municipal”.
Este convenio deberá estar publicado en la web del Ayuntamiento de Zaragoza.
El acuerdo suscrito establece un máximo diario de vertido de 6000 m3 y valores de conductividad cuarto-horaria a la salida del vertido que no debe superar los 25ms/cm. Para el resto de los parámetros, los vertidos de IQE se ajustarán al Decreto 38/2004, de 24 de febrero del Gobierno de Aragón por el que se aprueba el Reglamento de los vertidos de aguas residuales a las redes municipales de alcantarillado.
De igual forma, recoge el documento:
..“La Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de La Cartuja se encuentra concebida y dimensionada fundamentalmente para el tratamiento de aguas residuales de origen doméstico, si bien puede admitir determinados vertidos industriales compatibles con los procesos urbanos de depuración. Al hilo de las aguas residuales procedente de Industrias Químicas del Ebro, S.A. caracterizadas por su elevada conductividad y alta concentración de sulfatas, parámetros que no son eliminables mediante los procesos actualmente implantados en las depuradoras urbanas existentes, obliga a la adopción de medidas complementarias para preservar la estabilidad del proceso de depuración. En atención a lo expuesto, el objeto del presente convenio es establecer un marco de medidas correctoras transitorias que permita compaginar la actividad productiva actual de IQE con la admisión de vertidos en el sistema municipal posibilitando el proceso de desarrollo por la empresa de un sistema de vertido de las aguas residuales que garantice una disminución sustancial del efecto negativo del vertido tratando para obtener unos vertidos cuyas cargas contaminantes sean homogéneas, estables y mínimas, o bien la búsqueda de alternativas a la conexión a la red municipal”.
Dicho de otra manera, la empresa deberá almacenar su vertido cuando los caudales que reciba la EDAR sean escasos y lo podrá verter cuando aumenten. De esa forma se garantiza una mayor y más homogénea dilución y con ello la posibilidad de no rebasar los parámetros autorizados. UTEDEZA se responsabiliza de notificar a IQE las incidencias que requieran la utilización de los tanques de regulación y de la finalización de las mismas en el menor plazo de tiempo posible a fin de que se pueda restablecer las condiciones normales de funcionamiento. Además IQE tendrá que abonar una cantidad en concepto del producto que es necesario utilizar en la depuradora para tratar esos sulfatos, pago que parece que hay que retrotraer hasta 2019 porque desde esa fecha no se ha hecho efectivo.
En resumen y sin menoscabo de otros aspectos de la depuración de las aguas residuales de Zaragoza que trataremos en otras entradas, da la sensación que la EDAR de La Cartuja ha operado siempre en un equilibrio inestable en el que las administraciones han ido modulando autorizaciones y permisos en función de las necesidades del vertido que necesariamente es preciso hacer al Ebro para mantener el desarrollo de las actividades de todo tipo instaladas en su término municipal.
Posiblemente las características del efluente que llega a la EDAR no sean las adecuadas para su correcto funcionamiento. Asalta la duda a este respecto si la causa de esa disfunción es debida a un error en su diseño o a un inadecuado ordenamiento y control del tipo de vertido que está recibiendo.
Como epílogo, podríamos decir, vistos los trámites, convenios, contratos y prescripciones de todos los agentes vinculados, que todo es legal, que todo cumple la normativa, entre otras cosas porque la normativa y las características de los vertidos se acompasan mutuamente en un complejo juego de equilibrios. Pero eso no exime al Ebro de tener que asumir la contaminación de prácticamente la mitad de la población de la comunidad autónoma con todo su tejido industrial lo que no deja de ser una práctica de dudosa solidaridad con todos los usuarios del agua de la cuenca y algo de no menor importancia, con la salud ambiental del propio río al que se debería considerar como primer usuario de sus aguas. El Ebro, además de un bien al servicio de las personas y actividades que se asientan en sus riberas, debe ser considerado como uno de los corredores de biodiversidad de mayor importancia de toda la Península Ibérica.












