Es ya costumbre en el bochornoso espectáculo en que se ha convertido la política en todos sus peldaños, ofrecer soluciones simples a problemas complejos. Y es, desgraciadamente habitual también, que una creciente proporción de la población acepte las soluciones simplistas aun a sabiendas de su falsedad. Y es que el espectáculo lo envuelve todo y nadie que aspire a ocupar una mínima parcela de la actualidad puede renunciar a formar parte del show. En eso las campañas electorales rizan el rizo.
Por prensa, radio, televisión y redes sociales asistimos cada día al show de una fantasía de gestión de lo público, sin atisbo de gestión y con evidente peligro para la supervivencia de "lo público" en medio de una marea con vocación totalitaria.
Esa proporción de población (de electorado), es justo la precisa para hacer oscilar el espectro político fruto de cada cita electoral. Una oscilación que tiene que ver con el comportamiento de medios de comunicación, dependientes de la publicidad institucional o de empresas y fieles a los códigos comunicativos de la modernidad líquida y también tiene que ver con el de las redes sociales que son un terreno más resbaladizo si cabe, con unos códigos que ya han superado el estado líquido y ha alcanzado el gaseoso. La nube es su imperio y el algoritmo su emperador.
Se consolida un binomio de dos realidades. Por un lado está una clase política que en Aragón coincide con la derecha ancestral en sus distintas proyecciones políticas (PAR, PP, VOX) que, conocedora de la "molicie" democrática que impera en el reino, escribe el relato más favorables a su interés electoral como herramienta para alcanzar un poder que considera suyo por la gracia de Dios. Ahora, este interés por el poder es multi-autonómico, el asalto a la Moncloa. El poder de las Taifas con sus circos político-mediático-judiciales (Quirón, Mazón, Fiscalía) al servicio de la involución social que pone en peligro la socialdemocracia sin considerar que en su caída pueda arrastrar al modelo democrático.
La otra parte de ese binomio perverso es la parte de población, esa proporción social que prefiere el espectáculo a la realidad, que vive a gusto en el espectáculo y no quiere hacer cuentas, ni leer más allá del titular ni saber de nada que no sea su seguridad y disfrute. Tanto tiempo predicando el disfrute (o la salvación) desde todas las teologías socio-políticas han conformado una amorfa masa social que reproduce fielmente lo que el oráculo le aconseja. Si creyéramos en el fenómeno OVNI, hablaríamos de abducciones.
En el caso de Aragón, en plena feria electoral, la vuelta a la actualidad del Trasvase del Ebro es ejemplo de este dislate conceptual-mediático. Gentes que ignoran culpablemente el ciclo del agua que debían de haber aprendido en su paso por la escuela, se permiten decir que en Aragón sobra agua y se quedan tan frescos y otras gentes aceptan esa falsedad como parte de su inhibición vital. Esta es la SIMPLEZA que seduce a los abducidos.
Hay quien, como ve horizontal el suelo por donde camina, infiere que la tierra es plana y, de forma parecida, el hecho de ver el agua de lluvia discurrir hacia el río le induce a pensar que sobra agua. Falta mucha pedagogía para explicar lo que es una red hidrológica, que el mar necesita de los ríos y que el agua es la que es y que no sobra, simplemente es y es la misma desde el origen del planeta.
Cierto es que los políticos no ayudan en esta pedagogía. En eso el presidente aragonés ha tenido momentos estelares en cuestión de ignorancia. En marzo de 2024 no le dolían prendas en proponer la resurrección del embalse de Santaliestra y en la cumbre del Partido Popular, el pasado septiembre en Murcia aplaudía sonriente las ansias trasvasistas de su presidente nacional.
Más recientemente, las derechas aragonesas, ya en contienda electoral, sabedoras de su mutua necesidad, intentan marcar perfil propio aunque este preñado de mentiras mientras buscan abducir al mayor número de cerebros desde su platillo volante.
Noticias como:
y con similar estilo y razonamiento manifestaciones como:
El presidente de Vox ha defendido “que no se vaya al mar el agua que necesitan los españoles en Aragón y Levante”, ha lamentado que “se tiran millones y millones de litros” y ha rechazado también “regalar” el agua a Portugal “muy por encima de los tratados que tenemos” con el país vecino.
resultan de una ignorancia simplista rayana en la imbecilidad que, por mucho que ataque la inteligencia y a la historia reciente de Aragón, recibe la confirmación de mucha gente cómoda con cualquier propuesta que les garantice la continuidad del artificio mental que alguien les ha dicho que es la libertad.
Respetando la posibilidad de vida inteligente allende La Tierra, algunos aragoneses adictos a la esperanza, aquellos que introdujeron la idea de la "Nueva Cultura del Agua! se atreven a sugerir a quienes estos días miren al cielo de la convivencia aragonesa que no se dejen seducir por luces voladoras, fantasías de progresos infinitos, ampliaciones de regadíos y miles de puestos de trabajo en las nubes de los centros de datos que planean como ovnis sobre esta tierra.
La cuesta final de esta campaña es un tiempo difícil pero necesario para calibrar, más allá de sus palabras, la intención de los políticos del aspaviento y de la falsedad que desarrollarán todo su repertorio de seducciones para captar la voluntad popular, un tesoro que se debe administrar con cordura y del que cada uno tiene la llave.
La democracia no es una meta que se pueda alcanzar para dedicarse después a otros objetivos; es una condición que sólo se puede mantener si todo ciudadano la defiende.
Rigoberta Menchú
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