Como es sobradamente conocido, Zaragoza celebró en 2008 que se desarrolló desde mediados de junio a mediados de septiembre de ese año y tuvo como lema central “Agua y Desarrollo sostenible”. Ese evento tuvo elementos controvertidos previos a su desarrollo y requirió de una transformación urbanística con algunas luces efímeras y muchas sombras persistentes.
En la actualidad son visibles de esa Expo los edificios más emblemáticos que se construyeron y que desde entonces se encuentran vacíos de contenido y nunca han tenido uso posterior. Nos referimos a la emblemática Torre del Agua, al Pabellón de España y al Pabellón de Aragón o el propio Parque del Agua que está necesitado de actuaciones que lo mantengan y lo mejoren. Todo ello, acompañado de los problemas derivados de la financiación de aquel evento (costes hipotecarios que el erario público seguirá arrastrando por lo menos hasta 2038), no parece garantía de buen hacer en materia de gestión.
Con carácter general creemos que ni la conectividad de las zonas verdes, ni la regeneración de las riberas del río Huerva que acumulan retrasos importantes, ni el proyecto de reforestación denominado “Bosque de los zaragozanos”, de cuya mesa de seguimiento se ausentaros los colectivos ambientales dada la falta de participación efectiva en el proyecto, pueden constituir avales fiables de buena gestión.
Entrando en el ámbito de nuestra atención en materia de gestión del agua, el Gobierno Municipal debería ser más modesto con lo que expone en su propaganda institucional plagada de una espectacularidad alejada de la realidad. Mientras, la correcta gestión de los servicios públicos junto con la receptividad a la participación ciudadana en estos procesos deja para nosotros una deficiente calificación.
Zaragoza como el resto del país, se ha acostumbrado a una gestión política más efectista que efectiva. Con presupuestos económicos y actuaciones que deberían dirigirse a mejorar un urbanismo humanizado basado en una cultura de participación en la toma de decisiones.
Es cierto que la calidad del agua de boca ha mejorado en los últimos años. La ciudad, que antes se abastecía de agua del Canal Imperial o del propio río Ebro a su paso por Zaragoza, proporcionaba a la ciudadanía un agua de escasa calidad. Ahora se dispone de un tercer abastecimiento procedente del río Aragón a través del Canal de Bardenas. Lo que bebe la ciudad es una mezcla variable de estas procedencias.
Esa variabilidad produce una calidad discontinua en el agua del grifo que se podría subsanar de forma sencilla. Del Pacto del Agua de 1992 nació el embalse de La Loteta, ya construido en su totalidad, como almacenamiento plurianual (de caudales de invierno del Canal Imperial y del de Bardenas) y a día de hoy perfectamente inútil. Construido sobre una base salina que se disuelve en el agua que almacena, empeora sustancialmente su calidad y no puede utilizarse. Está por ver quién va a pagar la construcción de una obra que no sirve para lo que fue construida.
| Embalse de La Loteta. Freestyle con dinero público |
En cuanto a la depuración de las aguas residuales la situación actual presenta deficiencias y también graves errores que, en este caso, se arrastran desde la puesta en funcionamiento de la Depuradora de Aguas Residuales de la Cartuja hace 33 años. Errores en el modelo de depuración y nos atrevemos a decir que también en la explotación con una gestión encomendada desde el comienzo a una empresa privada. Modelo no compartido por la Red de Agua Pública que defiende la gestión pública para esta y para todas las instalaciones de depuración de nuestra comunidad autónoma.
Conviene conocer que en 2008, ante la falta de capacidad de autofinanciación, el Gobierno de Aragón empujó a los Ayuntamientos a privatizar servicios tan básicos como el de agua y saneamiento, transformándolos en negocio privado bajo las leyes del mercado. En este contexto y desde aquel momento, nuestra organización, la Red de Agua Pública de Aragón, viene demandado, muy particularmente de los Ayuntamientos, una actitud activa y responsable en la gestión directa de las competencias les son propias, evitando convertir el abastecimiento y la depuración del agua en negocio de unos pocos bajo la denominación de “colaboración público-privada”.
Ya en 2024, concluida la última prórroga a la empresa concesionaria (UTEDEZA) de la gran depuradora de Zaragoza, el ayuntamiento ha optado por hacer otra prórroga de la concesión a cambio de que dicha empresa acometa las obras esenciales para el proceso de depuración y para el mantenimiento estructural de la propia depuradora. De esta forma se ha perdido la oportunidad de remunicipalizar el servicio en un momento en que es preciso acometer importantes actuaciones de cara a garantizar el buen estado del agua tratada en la EDAR.
El acuerdo que el Ayuntamiento de Zaragoza ha firmado con la empresa adjudicataria de la depuradora pretende que con dichas obras se pueda cumplir los límites de los parámetros actuales de vertido final al río Ebro establecidos por la Confederación Hidrográfica del Ebro. Estas obras están dando muestras de demoras e incumplimientos que dicen poco de la voluntad/capacidad de los gestores municipales para hacer frente al cumplimiento de sus obligaciones.
La insuficiencia más importante de funcionamiento de la EDAR de la Cartuja tiene que ver con la tipología de los vertidos que la alimentan y que deberían ser “asimilables a un vertido doméstico”. Por contra, los polígonos industriales de ambas márgenes del Ebro vierten a la EDAR generando problemas de eficacia en el resultado final de la depuración. Deficiencia ocasionada por la composición química de esos vertidos y por la variabilidad de concentración a su llegada a la depuradora. Esto pone en peligro no solo a resultado final sino también la propia estructura de la depuradora que resulta afectada por esos compuestos, afección que es difícil de valorar ya que parece que es casi imposible hacerlo a la vez que la instalación está en funcionamiento. No se trata de un problema nuevo, se trata de una situación que se conoce desde el mismo momento en que entró en funcionamiento.
Desde entonces hasta la actualidad no ha habido la suficiente decisión técnico/política para solventar esta realidad y que las industrias causantes dispongan de un tratamiento previo a su vertido en la red municipal.
A ello hay que añadir, tal como ya conocen nuestros lectores, la especial situación que la parte de ciudad situada en la margen izquierda del Ebro que acaba realizando vertidos directos al río Ebro. La causa es conocida. Cuando el caudal del Ebro alcanza una determinada altura, el agua del río invade los antiguos colectores de vertido directo al río. El agua del río con arrastre de barro, se mezcla con la de los colectores actuales y es imposible que la depuradora asuma esa carga de volumen y composición así que, para defenderla, se vierten al río todas la aguas residuales de esa parte de la ciudad y sus empresas.
La solución está alejada en el tiempo por su dificultad técnica y consiguientemente por su cuantía económica. Nos atrevemos a cuantificar en un promedio de 30 días al año los que esta situación ocurre con la lógica afección sobre la calidad ambiental del agua del río que afecta también al abastecimiento de otras poblaciones y a la salud económica y ambiental del Delta del Ebro.
En esa misma margen izquierda se sitúa la empresa TEREOS que carece hasta el momento, de depuradora previa y vierte a la red municipal. Los vertidos de la empresa tienen componentes biológicos que fermentan en los colectores produciendo olores y espumas a su paso. La ubicación de esta empresa y su relación con el barrio es un antiguo problema urbanístico hijo de la especulación y de la falta de decisión en la gestión de los problemas que el tiempo se ha encargado de empeorar.
En 2026, la empresa proyecta una depuradora próxima a la fábrica que ha contado con lo que algunos vecinos llaman recalificación urbanística a la carta. En el informe emitido por Ecociudad, se evidencia que la DQO (demanda química de oxígeno) supera los límites establecidos por el Gobierno de Aragón en el decreto que regula los vertidos a las redes municipales. La materia orgánica, vertida a las conducciones, produce sulfuro de hidrógeno y otros compuestos sulfatados con efectos negativos sobre el hormigón de los colectores y riesgo para los trabajadores del alcantarillado.
La cantidad de sales disueltas en el vertido hace que la conductividad supere también los límites autorizados. Pero en la proyección a futuro y según el proyecto de depuradora, Ecociudad explicita que el vertido aún aumentaría más en conductividad hasta alcanzar tres veces el valor medio permitido, lo que constituiría un problema para el correcto funcionamiento de la EDAR de La Cartuja al afectar los valores medios de la entrada al proceso de tratamiento.
Nos resulta incomprensible que la empresa no haya recibido requerimientos y exigencias en relación a su vertido actual y mucho más que un ayuntamiento que aspira a Capitalidad Verde apruebe, unos días antes de la defensa final de la candidatura, un proyecto de depuración previa que va a afectar negativamente al funcionamiento de la depuradora municipal que asume los vertidos de la mayor parte de la ciudad. El proyecto está teniendo contestación social por parte de una población victima de años de una gestión basada en aplazamientos de lo importante y exhibición de lo superfluo.
Mucho más importante que lo que pueda pensar el jurado que deberá elegir la próxima Capital Verde Europea, es lo que puedan pensar las zaragozanas y zaragozanos que además de los fastos pilaristas que se asoman ya al calendario, debieran evaluar las realidades cotidianas y el modelo de ciudad que se está imponiendo. También en Zaragoza conviene acallar el ruido que aturde la convivencia a todos los niveles al que se suma la espectacularidad y la propaganda con que se pretende maquillar la gestión municipal que, en materia de agua, queda muy lejos de una capitalidad verde.








