jueves, 26 de febrero de 2026

ZARAGOZA Y SUS AGUAS. 2

Barcos en la nube. Pilar Iturralde 2025

El hecho de que el Ayuntamiento manifieste que el agua de Zaragoza es de excelente calidad, sin duda es muy buena noticia. Una noticia que refrenda lo que durante muchos años viene manifestando este blog y que, como toda noticia, necesita su contextualización. 

La memoria colectiva no siempre retiene los detalles de los acontecimientos que devienen en noticia ni la imagen del conjunto de los hechos que acompaña eso tan escurridizo que se ha dado en llamar actualidad. Una construcción a menudo interesada en la que es fácil caer en la tentación de "tomar el todo por la parte" para llegar a conclusiones absolutamente sesgadas cuando no erróneas, pero firmemente convencidos de la veracidad de nuestro razonamiento. 

Por no repetir la percepción de la RAPA sobre el abastecimiento de agua a Zaragoza, remitimos a nuestros lectores a un breve resumen de cuanto sobre este tema ha recogido este blog que se puede ver AQUÍ.

El recrecimiento del  Embalse de Yesa y el abastecimiento de Zaragoza parecen fatalmente hermanados desde el mismo origen del proyecto de recrecimiento citado. Sería una relación razonable que, desgraciadamente no ha estado exenta de reconstrucción informativa o maquillaje comunicativo. Preferimos no usar el término manipulación, aun cuando en algunos casos haya pocas dudas al respecto.

Antes de que un delincuente como Jaume Matas, hace 25 años, pusiera la primera piedra de las obras del recrecimiento, una de las razones que se argüían para justificarlo y que los medios aragoneses difundieron a bombo y platillo, fue el abastecimiento de agua de boca de Zaragoza. Ese falso relato, a poco que se razone, lo ha desarmado el mero paso del tiempo.

Es fácil colegir que si hace 25 años se decía que era necesario recrecer Yesa para que hubiera agua de calidad en Zaragoza y, sin haberlo recrecido, se ha podido traerla a la capital, la primera premisa era falsa. Pareciera que en aquel momento (puede que volvamos a ver estos silogismos simplones), se estuviera tomando a la población zaragozana como rehén del interés para ejecutar una obra que, por otra parte, nadie ha evaluado adecuadamente ni desde los social ni desde lo económico ni, ya no hablemos, de lo ambiental. Bien es verdad que si para conocer poco más de los que ya se sabía sobre el 23F ha habido que esperar 45 años, al caso de Yesa-Zaragoza aun le faltan 20.

Ningún medio de comunicación de alcance general parece interesado en recorrer la globalidad de lo que supuso la vida en la Canal de Berdún durante el siglo XX que comenzó bajo la agresión del primer embalse y que se prolongó en el XXI con la de su recrecimiento. La construcción de relatos amables, de un desarrollismo tan optimista como irreal con iconos agrícolas que no soportarían un análisis riguroso, siguen acaparando titulares y a lo que se ve, seduciendo conciencias de una parte de la población tentada por formulas corporativistas de gestión de la cosa pública.

Por otro lado y volviendo al hoy, los titulares actuales incurren en el viejo error de identificar el agua de Yesa con del PIRINEO. Suponemos que vender la "Marca Pirineo", imprime mayor calidad y atrae buena parte de la gente de Zaragoza que tiene a la montaña como origen mítico de sus pensares. Objetivamente, sería mucho más preciso decir que Zaragoza se abastece del agua del Canal de Bardenas (Balsas de Sora). Cualquiera que mire el mapa podrá ver que la distancia entre el Pirineo Axial y el punto de toma no explicaría la denominación de agua pirenaica propiamente dicha. Puestos a buscar el origen del agua, si alguien se quiere poner mítico/místico, la podría bautizar como Agua del Cielo que, en definitiva es el origen de todas las aguas.

Nada nos gustaría más que equivocarnos en los vaticinios, pero viendo la evolución de la sociedad y las tendencias políticas, mucho nos tememos que se vuelva a editar la vieja campaña de "agua del pirineo para Zaragoza". Todo ello ambientado en un escenario de repunte de la idea de trasvases. El simplismo argumental sustentado en la ignorancia criminal de que el agua se lleva a donde haga falta, no está ni mucho menos erradicado de esta actualidad que cada día trae un susto nuevo. 

Cuando un ultra-político se permite reclamar los trasvases entre cuencas hidrográficas fotografiándose a la orilla del Ebro en plena crecida, con la estulticia argumental de que el agua no debería llegar al mar, algo malo está pasando especialmente en una tierra que parecía ser antropológicamente defensora del agua. 

Mientras se desclasifican los papeles de Epstein, del 23F o del fenómeno OVNI, que  todo llegará, que tanto entretienen al personal, no faltará ocasión para que las viejas políticas de las eternas oligarquías sigan definiendo la vida de las gentes que, con las salpicaduras del agua pirenaica, no aciertan en una visión adecuada de la realidad. Eso que, conforme más avanza la modernidad líquida, menos se parece a la actualidad que salta cada día a los titulares de los medios de comunicación siguiendo lo que parecería ser la hoja de ruta del neo-totalitarismo.


Se tienen menos necesidades cuanto más se sienten las ajenas 

Doris Lessing

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