lunes, 23 de febrero de 2026

EMBALSE DE MONTEARAGÓN

En octubre de 2017 y en noviembre de 2018 publicábamos en este blog las cosas que pasaban en torno al embalse de Montearagón con una mezcla entre sorpresa y preocupación por la falta de control y planificación económica de esta obra.



Hay que decir que antes de embalsar agua, esta obra ha almacenado sobrecostes y más sobrecostes debidos a fallos en el diseño y ejecución de esta infraestructura que siempre se ha considerado clave para el abastecimiento de agua de la capital oscense pero, por lo que se ve, nunca se había pensado en la obra civil que debería acercar el agua del Flumen a los oscenses.

Al triunfalismo de los medios aragoneses por tener el embalse lleno habría que añadir una pequeña ficha que recogiera esta obra del Pacto del Agua que de pacto no tuvo nada y que no fue nada más que una lista de obras a mayor gloria del creciente regadío, la política trasvasista y el negocio del hormigón. Comparte pódium Montearagón con otras obras como El Val (inservible y contaminado), La Loteta (que debía de abastecer Zaragoza y solo sirve de stadium de windsurf) o el mismísimo de Yesa que esta en Top-10  de la acumulación de sobrecostes ante el ignorancia aragonesa que, como el Ebro, prefiere guardar silencio al pasar por el Pilar.

Esta obra, que no tuvo ninguna oposición social, fue aprobado en 1981. Colocó la primera piedra Josep Borrell cuando era ministro de obras públicas y entre deslizamientos y otras contratiempos, cuando se pensaba que se terminaría en 2006, hubo que volver a obrar en 2018 para resolver los problemas de estabilidad.

Compite este embalse en la multiplicación de costes con el embalse de Yesa. Los dos han pasado ya de multiplicar por cuatro su presupuesto. Algo que debería preocupar no solo a sus beneficiarios que, por el principio de recuperación de costes, deberían asumir la parte que les corresponda del gasto público por el uso del agua, sino también el resto de la ciudadanía que debería estar más atenta al gasto público. 

Tampoco deja de ser curioso que, con todo el tiempo transcurrido desde que empezó el proyecto que siempre se justificó para el abastecimiento de agua de boca de Huesca, no se haya realizado en paralelo la infraestructura que debiera hacer posible el cumplimiento de su función. No es hasta mayo de 2025 que la CHE anuncia la información pública del "Proyecto 05/23 de abastecimiento de agua a Huesca. Conducción desde embalse de Montearagón y nueva ETAP (Estación de Tratamiento de Agua Potable)". 

Llegado a este momento en que la naturaleza ha hecho la última y definitiva prueba de llenado del embalse, la realidad es que se tiene el agua embalsada, pero no la posibilidad de que llegue a Huesca. 

No queremos ni pensar el disgusto que se podría llevar algún ultra-político murciano si se asomara por la Hoya de Huesca y viera todo un embalse desaguando sin más ni más y sumándose a esa, para él incompresible, costumbre de dejar que los ríos desemboquen en el mar. 

Como resumen, cabría recapacitar sobre cómo los medios de comunicación fraccionan la realidad y muestran una actualidad que refleja solo algunas parcelas de esa realidad que parece remisa a mostrarse a la ciudadanía en su totalidad. Un colectivo, por otro lado, que no parece demasiado preocupado por conocerla y que se muestra cómodo con la dieta de espectacularidad cotidiana.

Tal vez si alguien se hiciera preguntas podría indagar sobre quién lleva la cuenta de los sobrecostes de las infraestructuras hidráulicas y de si ese gasto tiene lógica y necesidad en este escenario marcado por lo límites del planeta. Parece que cuando se trata de dinero público nadie hace cuentas. Ni las cuentas del agua ni del ferrocarril ni de tantos servicios públicos que deberían tener un balance coste-beneficio mucho más exigente.  


Sobre el cimiento de la necedad, no asienta ningún discreto oficio

Miguel de Cervantes 

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