Nuevos tiempos, nuevas modas. Si hace 25 años cuando se escribió y se gritó el Manifiesto por la Dignidad de la Montaña, se hablaba de trasvases de agua, ahora se habla de trasvase de energía. Otra vez dinero público a espuertas para financiar la fantasía de un crecimiento perpetuo y de una comunidad autónoma presuntamente puntera.
La habitual falacia política ha derivado hacia la energía (mal llamada) renovable para que Aragón sea puntero en explotación y en exportador de sus recursos, para muchos, a cambio de nada. Porque el nihilismo triunfa entre nuestros representantes políticos. No porque admiren el pensamiento de Nietzsche, sino porque la NADA es lo que mejor representa su sensibilidad y su capacidad para la gestión de los bienes con que la naturaleza ha dotado a Aragón. Una expresión del servilismo territorial.
Tal como ya hemos contado en este blog en pasadas entradas, el exceso de centrales de energía renovables está posibilitando tres industrias: el hidrógeno, los centros de datos y las centrales de almacenamiento. Todo ello configura un entramado energético destinado a que Aragón sea la productora de materias primas y el aparcamiento de la nube de datos informáticos que vuelan sobre nuestras cabezas. Una nube de Damocles que no cuenta con el control de ningún servicio meteorológico.
Recientemente la empresa israelí Enlight Renewable Energy que apoya con sus proyectos la ocupación ilegal de Palestina, proyecta la instalación de una central de almacenamiento energético en la comarca del Sobrarbe. Una instalación de 49,54MW en el municipio de La Fueva.
A este respecto, el movimiento ciudadano, crítico a esta expansión descontrolada de energías renovables y sus derivadas, entiende que sería un grave error contemplar la instalación de baterías, como un proyecto aislado al margen del amplio contexto técnico y social generado por la desordenada implantación de instalaciones de energías renovables.
Las instalaciones de energía renovable industrial, los sistemas de almacenamiento sea con baterías o con sistemas de bombeo, la fabricación de hidrógeno con energía renovable, los centros de datos que puedan abastecerse con esta producción así como las infraestructuras de evacuación que puedan ser necesarias, deberían ser tratadas como un todo orgánico que posibilite una visión en perspectiva autonómica en sintonía con la situación estatal.
La dudosa, ineficaz e injusta actuación de las administraciones públicas en materia de Ordenación del Territorio al respecto de la implementación de las centrales eólicas y fotovoltaicas de estos últimos años debiera servir de lección para no repetir el clamoroso error de gestión que está posibilitando la extensión del exceso y la improvisación que no son buenas herramientas para diseñar el futuro energético de Aragón.
La inédita experiencia a que obliga el reto climático a nivel planetario está abordándose en Aragón especialmente, pero también en el resto de España, de forma pacata, plagada de indefiniciones y titubeos que muestran, por la vía de los hechos, una respuesta política muy lejana a la causa que lo genera que no es otra que la necesidad de un cambio global y profundo de los procesos de producción y consumo.
De forma general en el desarrollo de las energías renovables no se contempla la gran cantidad de materiales críticos que se comprometen.
Desde el mundo científico se sabe desde hace mucho que no hay suficientes recursos naturales para permitir ese despliegue a escala mundial. Se diría que la sociedad occidental está siendo dirigida exclusivamente por un interés extractivista sin valoración alguna de cuanto ya se ha extraído de la naturaleza. Parece que se está optando por el mantenimiento de los mismos parámetros de crecimiento que se han venido usando desde la 2ª y 3ª revolución industrial, sin tener en cuenta una valoración real de las disponibilidad a futuro.
Tal como estima la Agencia Internacional de la Energía (AIE) se prevé que, a horizonte 2040, la extracción anual de litio se multiplique por 42, la de grafito por 25, la de cobalto por 21, la de níquel por 19 y la de tierras raras por 7. Todo ello en aras a posibilitar los planes que se están diseñando. Ante la pregunta de si ese incremento es posible, la propia AIE tiene sus dudas, y recomienda que se debe fomentar el reciclaje como forma de una economía circular que, en la mayor parte de los casos, por las propias características de las instalaciones y los productos manufacturados es muy complicado, cuando no directamente imposible.
Las actuales cautelas de la AIE contrastan con la evidencia de una buena parte del mundo científico que hace tiempo viene avisando de estas contingencias. Los profesores Alicia y Antonio Valero llevan años estudiando este tema y explicando que las reservas conocidas de muchos materiales son menores que la demanda esperada hasta 2050. Ello demuestra que existe una duda razonable de si los planes anunciados y los proyectos derivados, pueden llevarse verdaderamente a cabo.
A pesar de esa escasez anunciada se evita considerar la evidencia de que al final de la vida útil de las instalaciones renovables, su reemplazo será muy dificil.
Muchos materiales utilizados en el funcionamiento de las EERR y sus industrias derivadas son de muy difícil reciclaje. El diseño de esos circuitos no está pensado para el reaprovechamiento. Algo similar le pasa a las placas fotovoltaicas: la concentración de materiales como la plata y la forma en la que están hechos los paneles, no favorecen su recuperación.
En el caso de los aerogeneradores, reutilizar el cobre y el núcleo magnético o inductivo es mucho más simple; pero en su caso el problema es la degradación de los metales con el paso del tiempo, la dificultad para reemplazar el hormigón armado y para el reciclaje de las aspas que hasta el momento de redacción de este proyecto, son mayoritariamente enterradas.
Un mínimo principio de cautela desaconsejaría apostar con tanta insistencia por un sistema que pasados 20/30 años, tal vez no de respuesta a las demandas de la sociedad. Recurrir al argumento de que el progreso tecnológico lo resolverá, no parece adecuado.
En la misma línea de pensamiento, la instalación de sistemas renovables obliga al consumo de grandes cantidades de combustibles fósiles.
Tanto la minería de materiales, su transporte, instalación y mantenimiento no se realiza a partir de EERR, por tanto cabe pensar que el modelo que se propone solo puede funcionar a partir de combustibles fósiles.
Con los datos de que se dispone, no parece posible cerrar el ciclo de producción de EERR (uso de la misma para generar más) dada la complejidad de los procesos, y la gran cantidad de materiales que se requieren. En un escenario de declive del petróleo disponible, eso haría que la energía renovable producida con este modelo también decreciera y con ello nos arriesgaríamos a que este modelo de renovable dejara de servir.
De forma generalizada, este "nuevo modelo" de expansión de EERR elude que los combustibles fósiles no se usan mayoritariamente para la producción eléctrica.
Desde la imposibilidad de convertir todo el consumo energético en eléctrico, la electricidad es una energía secundaria que responde al consumo general de energía (sube si éste sube y baja cuando éste baja). Y es que la electricidad es una forma de energía muy especializada, de alto valor añadido, pero solamente útil para cierto usos.
Incluso desechando la idea de que toda la energía pueda llegar a ser eléctrica, intentar que al menos toda la electricidad sea 100% de procedencia renovable es ya un reto de difícil alcance.
Somos conscientes de que son precisos sistemas de respaldo para cubrir la intermitencia de las renovables. Pero todo ello debería ceñirse a un ordenamiento territorial adecuado desde un modelo de gestión de la demanda y no de la oferta, como se está haciendo en estos momentos en Aragón priorizando el autoconsumo, el aprovechamiento local y la generación distribuida.
Una de las industrias derivadas de las EERR es la del hidrógeno que está contando con un fuerte apoyo financiero de las administraciones.
Desde nuestro punto de vista ese hidrógeno apellidado verde, no es ninguna panacea y sus problemas originales están muy lejos de resolverse como para considerarlo el vector energético que resuelva el rompecabezas de la transición energética.
No dudamos de que la producción de H2 producido a partir de EERR puede ser de interés para disminuir el uso de H2 de procedencia fósil, como materia prima de otros procesos industriales (NH3, etc), pero en modo alguno se le puede exigir a un proceso en experimentación que responda a una demanda masiva.
Sin entrar en profundidad en las características de este incipiente procedimiento industrial, como el bajo rendimiento energético en su fabricación y en su uso como combustible para motores o la gran dificultad para su almacenamiento y transporte, el mayor inconveniente que tiene la producción industrial de H2 verde es el gran consumo de agua (60 Tm de agua por Tm de gas producido).
La implantación de este tipo de proyectos enfocados a la fabricación de H2 supondrá mayores demandas de agua que deberán sumarse al resto de concesiones actuales. La detracción de caudales del Ebro va a ser una gran problema medioambiental a la par que un enfrentamiento de intereses con la industria agro-ganadera que ya dispone de facto, del 90% de los caudales previstos en el Plan Hidrológico del Ebro y prevé un aumento (solo en Aragón) de 39.000 nuevas hectáreas de regadío. Todo ello a expensas de lo que pueda determinar el nuevo Plan de 4º Ciclo (horizonte 2028-2033) que en su borrador sometido a información pública muestra su preocupación por esta nueva demanda.
Se debería recordar que una buena parte de las unidades de gestión de la cuenca del Ebro ya superan ampliamente el Índice de Explotación de Agua (WEI+) por el que la Agencia Europea de Medio Ambiente determina el buen estado de un río y eso sin contar las expectativas de crecimiento del regadío. Estamos ante una nueva demanda en una cuenca a la que antes de exigirle mayores demandas se debería evaluar con mayor rigor la realidad hidrológica existente en un marco de usos y consumos que debería contemplar el cambio climático como consistente evidencia.
Podría ser un triste sarcasmo que, tal como está pasando con la implantación de instalaciones de energías renovables, para paliar los efectos de la Emergencia Climática y evitar el deterioro de los ecosistemas, avanzáramos hacia su destrucción.
La instalación proyectada en La Fueva del Sobrarbe es una parte más de un conjunto que debería ser considerado como tal si de verdad la sociedad en su conjunto, está dispuesta a considerar la gravedad del reto climático. La ciencias, tanto las físicas y naturales como las humanas se llevan mal con el marketing y la propaganda.
El exceso es el veneno de la razón.
Francisco de Quevedo