sábado, 30 de mayo de 2026

EL RETROCESO DEL AGUA

Estamos plenamente convencidos de que Arancha Simón, Consejera de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón, empapada de la cultura del regadío de su peripecia profesional, conocerá perfectamente el Ciclo del Agua en la naturaleza y la capacidad real que tiene la cuenca del Ebro para abastecer a todos los habitantes de sus orillas. No nos cabe duda de que también conocerá sobradamente las dinámicas fluviales y la necesidad de que los ríos desemboquen en el mar, algo que a muchos de sus correligionarios les parece una frivolidad de la madre naturaleza, cuando no una conspiración del gobierno central. Hay políticos de las derechas extremas a los que persigue la inteligencia, pero ellos son más rápidos.

Damos por sentado que la consejera conoce el Delta y su necesidad de recibir los sedimentos de su cuenca para seguir existiendo como ecosistema social y económico. Algo que  viene sucediendo desde el origen de la geografía y en mayor grado desde los siglo XV-XVI, cuando el crecimiento de la población y la demanda de barcos produjeran la deforestación que hizo crecer lo que ahora mengua en la desembocadura del Ebro.

Por ello, cuando sus palabras dan marcha atrás a la historia de la racionalidad hidráulica es comprensible que salte la alarma en colectivos que llevan años a sus espaldas de convencimiento en la gestión pública y participativa del agua en todas sus formas y en todos sus estados. Un modelo de gestión que seguirá aspirando a situar la salud y las necesidades de los habitantes de las orillas del Ebro y del propio río que, como tantas veces se ha dicho ya, debe ser usuario preferente de sus aguas, en el centro de toda planificación hidrológica. Una posición que, a tenor de los titulares, las derechas extremas han decidido escorar en beneficio de un modelo extremo-productivista carente de la mínima visión de la geopolítica que las circunstancias imponen e impondrán. So pena que la "droite divine" seduzca a sus escuadristas en "el arte de mirar hacia otro lado mientras el mundo arde"

Hace más de treinta años que nació la Nueva Cultura del Agua porque  décadas de productivismo desbocado nos han llevado por caminos insostenibles de degradación generalizada, que nos han hecho olvidar el auténtico valor del agua, la verdadera dimensión de tan excepcional recurso. Un conjunto de razones obligan a dar un giro a las políticas del agua en nuestro país. Es tiempo de instaurar una nueva cultura del agua que dé paso a la eficiencia y a la imaginación, a la subsidiariedad y a la participación en la gestión, a las verdaderas cuentas económicas, sociales y medioambientales del agua, y a la concepción humanística del recurso. Los usuarios de los ríos somos todos. La nueva cultura tiene que acabar con la tergiversación de los conceptos actuales de “demanda” y “recurso”, con los que se ha pretendido establecer un panorama irreal de desequilibrios insostenibles para justificar la instauración de un gran estado de obras restaurador de un equilibrio hidráulico que la Naturaleza jamás antes tuvo. 

Cuando este relato social y científico ya podría considerarse viejo, dignamente viejo, el empecinamiento de las oligarquías, empeñadas en permanecer en el siglo XIX como residencia mítica de sus privilegios, obligan a seguir manteniendo eternamente "NUEVA" una cultura del agua que no es sino mera racionalidad. Sencillamente, la adaptación de la gestión del agua a las necesidades que el planeta y la sociedad demanda.

Alarma sobre alarma. Probado que no sea la ignorancia la causante de la irracionalidad hidráulica que luce la Consejera en su discurso, pudiera ser prueba de obediencia debida a una oligarquía agraria aragonesa encallada en el pasado. El pasado que parece ser el horizonte formal de la consejera. Eso sería atisbo de una lamentable práctica de gestión de la convivencia que, como ya se apunta en otros casos, supondría la naturalización de una forma de entender y hacer con vocación hacia el desequilibrio social y económico. El barrunto de una normativización ajustada a los intereses inmediatos de la élite social que pone y quita consejeras al albur de sus deseos.

Treinta años acompañando el envejecimiento de la Nueva Cultura del Agua no nos hace especialmente sabios, a causa del alto grado de conocimiento acumulado ni especialmente desencantados, a causa del, no tan alto,  grado de consecución de sus objetivos. La esperanza es un equilibrio del "hoy" hacia el futuro que obliga/convence a actuar de acuerdo a una ética social que ahora mismo, languidece entre los resabios de la política de tercera división que habita el Pignatelli. 

Antes de poner la marcha atrás, haría bien el departamento de agricultura en hacer bien las cuentas. Hacer las cuentas del coste real de todas las obras del Pacto del Agua que ahora se quiere rescatar del vertedero de la historia. De los fiascos más cantantes y sonantes como La Loteta, Mularroya o Yesa a los menos llamativos como Montearagón, El Val, Lechago,... Haría bien el departamento en valorar los tiempos transcurridos, los retrasos acumulados y si efectivamente esas obras han servido para algo más que para nutrir los titulares de la prensa afín a la propaganda institucional. Un proceso bien engrasado de construcción de opinión pública que, como los embalses, parecen llamados a laminar el espíritu crítico, el debate y el librepensamiento y conducir las aguas de la actualidad hacia un estado corporativo por el camino de la hipernormalización.


El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.

Baltasar Gracián 


No hay comentarios:

Publicar un comentario