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lunes, 5 de febrero de 2024

AGUA, ENERGÍA Y.... ¿FUTURO?

En medio del aspaviento constante de la política española que lastra la convivencia hasta el extremo de la perplejidad, la sequía se ha convertido en otro elemento más que añadir al ruido de sables político-mediático con el fondo de las elecciones gallegas. 

Parece probado que la opinión pública se alimenta de amenazas, emergencias, catástrofes y peligros y no faltan los coros de malintencionados mercenarios de pensamiento corto e ignorancia larga que no dudarán en buscar un culpable exterior ni en explicar que si en Lugo "sobra" agua y "falta" en Cadiz, nada más fácil que poner un tubo que resuelva el problema. 

Los "extremas" de todas las derechas aprovechan para resucitar trasvases y viejos fantasmas que se pueden vestir de cohesión territorial y solidaridad entre sus pueblos y sus gentes, en una edición posmoderna de las obsesiones del hijo del general dictador Primo de Rivera que reverdecen el fascio-discurso a poco que se rasque la piel de toro. 

Personajes de discutible capacidad ética aprovechan una situación que se debe más a la abundancia de sus demandas que a la propia escasez de agua y no dudan en conducir el agua a sus molinos de manipulación social sin reparar en el abundante caudal de falsedades en que navegan sus voces.

Cierto es que desde la antigüedad se sabe que nuevos tiempos traen viejas ideas. Una maldición bíblica que no cesa. Para no repetir la totalidad de la experiencia pretérita y fallida se introducen pequeños matices con dos intenciones: por un lado justificar indirectamente el error anterior y por otro presumir de voluntad innovadora con la que actualizar la vieja propuesta, modernizada y adaptada a los nuevos tiempos. Y si además se añaden adjetivos como sostenible, economía circular, resiliencia, reciclaje o transición ecológica, la operación de marketing encandila al gran público que, otra vez preferirá comprar el discurso de la oligarquía antes que ponerse a pensar más allá de lo que diga el titular más vendido. 

Este esquema se palpa perfectamente en el matrimonio "AGUA-ENERGÍA".  Especialmente el agua en Aragón tiene una presencia histórica a la par que una buena dosis de desconocimiento por parte de la población que, como en otros asuntos, es rehén de las voluntades de los partidos mayoritarios y de sus medios de difusión.

Pocas cosas sustancian tanto el sentimiento aragoneses, al margen de la ofrenda de flores y algún otro folklorismo más, como el agua. Cualquier aragonés es un opositor, más o menos vehemente, al "TRASVASE DEL EBRO" que con el tiempo se ha convertido en una especie de santo patrón del aragonesismo, aprovechado en buena medida, por la oligarquía agraria tradicional que, trufando de tradición  la agroganadería industrial y globalizada, ha santificado el lucro privado generado por un bien público como el agua, más allá de toda lógica.

Las grandes manifestaciones contra el trasvase del Ebro en donde compartían plaza y pancarta los regantes expectantes del agua de Yesa, Santaliestra, Biscarrues o Mularroya con los partidarios de la Nueva Cultura del Agua que, además de oponerse al Plan Hidrológico del Ebro, lo hacían también al Pacto del Agua de 1992 (la herramienta autonómica para posibilitar el anterior), se han convertido en memoria de identidad colectiva. Una alcorzada memoria que sigue aprovechando la oligarquía agraria para mantener vivo el famoso Pacto del 92 escamoteando a la opinión pública la realidad social, económica y medioambiental que supone la vieja cultura del agua. Al margen de los otros factores, si la ciudadanía en general tuviera una idea aproximada de los que, para las arcas públicas está suponiendo la continuidad del modelo desarrollista más allá de los límites del desarrollo, tal vez se hicieran más preguntas y tal vez, se elegirían personas con mayor capacidad de respuesta para gestionar la tierra y el agua. Gestionar el agua del Ebro es mucho más que decir el Ebro no se trasvasa.

Saltando del agua a la energía y mientras sobre la primera existe una percepción a dos velocidades y con distintos niveles de conocimiento, en el caso de la energía, el desconocimiento y el desinterés de la población es casi absoluto mientras las instituciones se comportan como facilitadores del inmenso negocio que al calor de la sostenibilidad, se está haciendo. A pesar de que cada vez más plataformas ciudadanas y la práctica totalidad de los grupos ecologistas aragoneses llevan varios años diciendo “Renovables  S, Pero no Asi", este discurso está muy lejos de calar en el pensamiento del común. Se diría que existe una percepción de que la energía es buena "per se"  y nadie se detiene a pensar de dónde viene, cuáles son sus costes reales, cuánta se produce o cuánta es necesaria para el funcionamiento eficiente y justo de la comunidad autónoma.

Árboles de viento, Pilar Iturralde 2020

La profunda evolución social y económica que la introducción de las Energías (mal llamadas) Renovables (EERR) podría haber significado para esta tierra de polvo, niebla, viento y sol se ha amortiguado hasta la consagración del viejo modelo del oligopolio energético que ya fue uno de los factores del vaciado aragonés y que ahora repite curso. Se ha producido el efecto opuesto al esperable dadas las características del modelo renovable. Cuando la generación distribuida podría haber cambiado el modelo productivo, lo cierto es que está consolidado el antiguo. Aragón, que ha sido cedente histórico de energía a su entorno geográfico, está llamado a ver cómo aumentan los beneficiarios de la energía que produce mientras lo hacen, sin control ni ordenamiento alguno, las grandes superficies de centrales y las infraestructuras de transporte que alimentarán la industrializada Europa, mientras España y Aragón con ella, es cada vez más, una sociedad de servicios. Un hermoso stand en Fitur y poco más, para una comunidad que si ya produce aproximadamente el 150% de la energía que  consume, tal vez se debería preguntar qué necesidad hay de aumentarla.

La forma en que se está construyendo la producción, distribución y transporte de EERR representa una segunda edición del modelo de trasvase en donde sus reservorios están mucho más extendidos por la geografía que los embalses del Pacto del Agua y tal vez por eso no se perciba la cuantía del perjuicio que la Vieja Política Energética está causando en Aragón que corre el peligro inminente de consagrarse como territorio de sacrificio y paisaje vaciado, abandonado de cuerpos y almas. 

En esta ocasión los nuevos canales de este trasvase invisible no llevan el agua del Ebro al País Vasco, Cataluña o Levante; los canales de la energía, autenticas autopistas eléctricas que antes eran competencia estatal y ahora pretende explotar Forestalia, llevan electricidad a los mismos destinos ordeñando Maestrazgo, Matarraña, Cinco Villas, Valdejalón, Monegros, Sobrarbe o Ribagorza. Un inmenso embalse sin limites ni muros de cierre que inunda en silencio la tierra y el cielo aragonés. 

Posiblemente la sobreactuación de nuestros políticos que parecen sentirse más preocupados por recuperar una unidad de España que nunca fue, que por los intereses de los aragoneses y su derecho a un progreso en igualdad con cualquier otra región de España o Europa, genera una sociedad del ruido, de la inmediatez, de la frivolidad y de la ignorancia en la que la oligarquía, la de siempre, la de aquí y ahora, la que elige a quién y cuando hay que elegir, ejerce un renovado supremacismo heredero de otros tristes tiempos que deberían haber quedado en los libros de historia, pero que, reverdecen al conjuro de una libertad que dicen defender con palabras y niegan con sus hechos.

Flota sobre nuestras cabezas un inmenso embalse de desigualdad e injusticia.

TRISTES MONTES Y SOLEDAD

Algo de información sobre el trasvase del Ebro:

https://mareaazuldearagon.blogspot.com/2019/04/resumen-final-de-la-marcha-del-ebro.html

sábado, 15 de marzo de 2025

ENERGÍAS RENOVABLES E INDUSTRIAS DERIVADAS

Nuevos tiempos, nuevas modas. Si hace 25 años cuando se escribió y se gritó el Manifiesto por la Dignidad de la Montaña, se hablaba de trasvases de agua, ahora se habla de trasvase de energía. Otra vez dinero público a espuertas para financiar la fantasía de un crecimiento perpetuo y de una comunidad autónoma presuntamente puntera.

La habitual falacia política ha derivado hacia la energía (mal llamada) renovable para que Aragón sea puntero en explotación y en exportador de sus recursos, para muchos, a cambio de nada. Porque el nihilismo triunfa entre nuestros representantes políticos. No porque admiren el pensamiento de Nietzsche, sino porque la NADA es lo que mejor representa su sensibilidad y su capacidad para la gestión de los bienes con que la naturaleza ha dotado a Aragón. Una expresión del servilismo territorial.

Tal como ya hemos contado en este blog en pasadas entradas, el exceso de centrales de energía renovables está posibilitando tres industrias: el hidrógeno, los centros de datos y las centrales de almacenamiento. Todo ello configura un entramado energético destinado a que Aragón sea la productora de materias primas y el aparcamiento de la nube de datos informáticos que vuelan sobre nuestras cabezas. Una nube de Damocles que no cuenta con el control de ningún servicio meteorológico.

Recientemente la empresa israelí Enlight Renewable Energy que apoya con sus proyectos la ocupación ilegal de Palestina, proyecta la instalación de una central de almacenamiento energético en la comarca del Sobrarbe. Una instalación de 49,54MW en el municipio de La Fueva.  


A este respecto, el movimiento ciudadano, crítico a esta expansión descontrolada de energías renovables y sus derivadas, entiende que sería un grave error contemplar la instalación de baterías, como un proyecto aislado al margen del amplio contexto técnico y social generado por la desordenada implantación de instalaciones de energías renovables.

Las instalaciones de energía renovable industrial, los sistemas de almacenamiento sea con baterías o con sistemas de bombeo, la fabricación de hidrógeno con energía renovable, los centros de datos que puedan abastecerse con esta producción así como las infraestructuras de evacuación que puedan ser necesarias, deberían ser tratadas como un todo orgánico que posibilite una visión en perspectiva autonómica en sintonía con la situación estatal.

La dudosa, ineficaz e injusta actuación de las administraciones públicas en materia de Ordenación del Territorio al respecto de la implementación de las centrales eólicas y fotovoltaicas de estos últimos años debiera servir de lección para no repetir el clamoroso error de gestión que está posibilitando la extensión del exceso y la improvisación que no son buenas herramientas para diseñar el futuro energético de Aragón. 

La inédita experiencia a que obliga el reto climático a nivel planetario está abordándose en Aragón especialmente, pero también en el resto de España, de forma pacata, plagada de indefiniciones y titubeos que muestran, por la vía de los hechos, una respuesta política muy lejana a la causa que lo genera que no es otra que la necesidad de un cambio global y profundo de los procesos de producción y consumo.

De forma general en el desarrollo de las energías renovables no se contempla la gran cantidad de materiales críticos que se comprometen. 

Desde el mundo científico se sabe desde hace mucho que no hay suficientes recursos naturales para permitir ese despliegue a escala mundial. Se diría que la sociedad occidental está siendo dirigida exclusivamente por un interés extractivista sin valoración alguna de cuanto ya se ha extraído de la naturaleza. Parece que se está optando por el mantenimiento de los mismos parámetros de crecimiento que se han venido usando desde la 2ª y 3ª revolución industrial, sin tener en cuenta una valoración real de las disponibilidad a futuro.

Tal como estima la Agencia Internacional de la Energía (AIE) se prevé que, a horizonte 2040, la extracción anual de litio se multiplique por 42, la de grafito por 25, la de cobalto por 21, la de níquel por 19 y la de tierras raras por 7. Todo ello en aras a posibilitar los planes que se están diseñando. Ante la pregunta de si ese incremento es posible, la propia AIE tiene sus dudas, y  recomienda que se debe fomentar el reciclaje como forma de una economía circular que, en la mayor parte de los casos, por las propias características de las instalaciones y los productos manufacturados es muy complicado, cuando no directamente imposible.  

Las actuales cautelas  de la AIE contrastan con la evidencia de una buena parte del mundo científico que hace tiempo viene avisando de estas contingencias.  Los profesores Alicia y Antonio Valero llevan años estudiando este tema y explicando que las reservas conocidas de muchos materiales son menores que la demanda esperada hasta 2050. Ello demuestra que existe  una duda razonable de si los planes anunciados y los proyectos derivados, pueden llevarse verdaderamente a cabo. 

A pesar de esa escasez anunciada se evita considerar la evidencia de que al final de la vida útil de las instalaciones renovables, su reemplazo será muy dificil.

Muchos materiales utilizados en el funcionamiento de las EERR y sus industrias derivadas son de muy difícil reciclaje. El diseño de esos circuitos no está pensado para el reaprovechamiento. Algo similar le pasa a las placas fotovoltaicas: la concentración de materiales como la plata y la forma en la que están hechos los paneles, no favorecen su recuperación.

En el caso de los aerogeneradores, reutilizar el cobre y el núcleo magnético o inductivo es mucho más simple; pero en su caso el problema es la degradación de los metales con el paso del tiempo, la dificultad para reemplazar el hormigón armado y para el reciclaje de las aspas que hasta el momento de redacción de este proyecto, son mayoritariamente enterradas.

Un mínimo principio de cautela desaconsejaría apostar con tanta insistencia por un sistema que pasados 20/30 años, tal vez no de respuesta a las demandas de la sociedad. Recurrir al argumento de que el progreso tecnológico lo resolverá, no parece adecuado.

En la misma línea de pensamiento, la instalación de sistemas renovables obliga al consumo de grandes cantidades de combustibles fósiles. 

Tanto la minería de materiales, su transporte, instalación y mantenimiento no se realiza a partir de EERR, por tanto cabe pensar que el modelo que se propone solo puede funcionar a partir de combustibles fósiles.

Con los datos de que se dispone, no parece posible cerrar el ciclo de producción de EERR (uso de la misma para generar más) dada la complejidad de los procesos, y la gran cantidad de materiales que se requieren. En un escenario de declive del petróleo disponible, eso haría que la energía renovable producida con este modelo también decreciera y con ello nos arriesgaríamos a que este modelo de renovable dejara de servir. 

De forma generalizada, este "nuevo modelo"  de expansión de EERR elude que los combustibles fósiles no se usan mayoritariamente para la producción eléctrica. 

Desde la imposibilidad de convertir todo el consumo energético en eléctrico, la electricidad es una energía secundaria que responde al consumo general de energía (sube si éste sube y baja cuando éste baja). Y es que la electricidad es una forma de energía muy especializada, de alto valor añadido, pero solamente útil para cierto usos.

Incluso desechando la idea de que toda la energía pueda llegar a ser eléctrica, intentar que al menos toda la electricidad sea 100% de procedencia renovable es ya un reto de difícil alcance.  

Somos conscientes de que son precisos sistemas de respaldo para cubrir la intermitencia de las renovables. Pero todo ello debería ceñirse a un ordenamiento territorial adecuado desde un modelo de gestión de la demanda y no de la oferta, como se está haciendo en estos momentos en Aragón priorizando el autoconsumo, el aprovechamiento local y la generación distribuida.

Una de las industrias derivadas de las EERR es la del hidrógeno que está contando con un fuerte apoyo financiero de las administraciones.  

Desde nuestro punto de vista ese hidrógeno apellidado verde, no es ninguna panacea y sus problemas originales están muy lejos de resolverse como para considerarlo el vector energético que resuelva el rompecabezas de la transición energética. 

No dudamos de que la producción de H2 producido a partir de EERR puede ser de interés para disminuir el uso de H2 de procedencia fósil, como materia prima de otros procesos industriales (NH3, etc), pero en modo alguno se le puede exigir a un proceso en experimentación que responda a una demanda masiva.  

Sin entrar en profundidad en las características de este incipiente procedimiento industrial, como el bajo rendimiento energético en su fabricación y en su uso como combustible para motores o la gran dificultad para su almacenamiento y transporte, el mayor inconveniente que tiene la producción industrial de H2 verde es el gran consumo de agua (60 Tm de agua por Tm de gas producido).

La implantación de este tipo de proyectos enfocados a la fabricación de H2 supondrá mayores demandas de agua que deberán sumarse al resto de concesiones actuales. La detracción de caudales del Ebro va a ser una gran problema medioambiental a la par que un enfrentamiento de intereses con la industria agro-ganadera que ya dispone de facto, del 90% de los caudales previstos en el Plan Hidrológico del Ebro y prevé un aumento (solo en Aragón) de 39.000 nuevas hectáreas de regadío. Todo ello a expensas de lo que  pueda determinar el nuevo Plan de 4º Ciclo (horizonte 2028-2033) que en su borrador sometido a información pública muestra su preocupación por esta nueva demanda.

Se debería recordar que una buena parte de las unidades de gestión de la cuenca del Ebro ya superan ampliamente el Índice de Explotación de Agua (WEI+) por el que la Agencia Europea de Medio Ambiente determina el buen estado de un río y eso sin contar las expectativas de crecimiento del regadío. Estamos ante una nueva demanda en una cuenca a la que antes de exigirle mayores demandas se debería evaluar con mayor rigor la realidad hidrológica existente en un marco de usos y consumos que debería contemplar el cambio climático como consistente evidencia. 

Podría ser un triste sarcasmo que, tal como está pasando con la implantación de instalaciones de energías renovables, para paliar los efectos de la Emergencia Climática y evitar el deterioro de los ecosistemas, avanzáramos hacia su destrucción. 

La instalación proyectada en La Fueva del Sobrarbe es una parte más de un conjunto que debería ser considerado como tal si de verdad la sociedad en su conjunto, está dispuesta a considerar la gravedad del reto climático. La ciencias, tanto las físicas y naturales como las humanas se llevan mal con el marketing y la propaganda.


El exceso es el veneno de la razón.

Francisco de Quevedo 






martes, 28 de mayo de 2024

EL TRASVASE QUE NO CESA.1

La idea del trasvase de agua es una constante en la historia de Aragón que se podría decir que alcanza la categoría de maldición. Un sortilegio perverso que persigue el ser y sentir aragonés de la mano de los "amos de la tierra", aquellos de los que decía la canción que ni se atreven a salvarla ni nos dejan defenderla y que también son una constante, igualmente perversa, de la sociología aragonesa.



A pesar de que en lo sustancial poco ha cambiado el guión trasvasista, las apariencias, siempre engañosas, se adaptan a los nuevos tiempos para dar una imagen de modernidad, de "modernidad líquida" en este caso. Al "Aragón agua y futuro" del pasado, bendecido  por la derecha del cachirulo prieto que nos iba a colocar a la cabeza de las Españas, le ha sucedido el "Aragón emporio de energía renovable" que también según dicen los nuevos amos de la tierra, herederos directos de los anteriores y habitantes de CASI todo el espectro político, es una oportunidad que Aragón no puede dejar pasar de largo. 

La historia se repite solo para quienes no saben leerla. Tal vez sea una ancestral  estrategia: los prometidos beneficios (la ansiada zanahoria sujeta a un palo) siempre van por delante del burro y solo obedeciendo la voluntad  de la oligarquía (el jinete del burro) podrá alcanzarse en ese subjuntivo futuro aragonés ya habitado en otras ocasiones por el Rubbiatrón (en los años 90 del siglo pasado) o el proyecto Gran Scala (en la primera década del actual.) En todos los casos hay una búsqueda de financiación y apoyo del sector público como aval y garantía de un éxito que nunca llega para el cansado burro que, a esta alturas, ya debería haber aprendido la lección y a contemplar desde una duda razonable, las acicaladas promesas de éxito, de progreso infinito adornados de una infinidad de puestos de trabajo llamados a  conjurar el triste destino de una España vaciada convenientemente inventada para consuelo de vaciados y codicia de vaciadores.

La última pirueta entre el agua y la energía que ahora se cierne sobre el futuro de subjuntivo aragonés es la inversión del Ciclo del Agua. Si hasta ahora se sabía que la evaporación del agua de los mares formaba las nubes que luego descargaban sobre la tierra en forma de agua, nieve o granizo, ahora la fantasía tecnológica vestida de Plan de Interés General para Aragón, va a permitir que el agua que había llegado a la tierra, gracias a un brutal aporte de energía, vaya a parar de nuevo a las nubes. En esta ocasión las nubes estarán formadas por infinitas gotas de datos, porque a estas tierras de Aragón que solo el olvido regaban, han llegado las grandes empresas tecnológicas que necesitan ingentes cantidades de energía y de agua para almacenar el casi infinito arsenal de datos informáticos que dan  forma a esta posmodernidad algo distópica en la que el cerebro humano parece correr el riesgo de ser formateado en favor de una inteligencia artificial.

Nuevamente nos encontramos ante el exceso como norma y el crecimiento infinito como religión. Nadie y nosotros menos que nadie, pone en duda la necesidad de la implementación de las energías renovables como forma de descarbonización de la economía y no dudamos que la inteligencia artificial puede ser un apoyo necesario en el camino del progreso de la humanidad y su perfectibilidad como especie, pero entre lo deseable al exceso hay una franja en la que anida el enriquecimiento de una minoría privilegiada que explota el desierto del futuro imperfecto en el que, si la sociedad no es capaz de poner coto, la inteligencia artificial, y no la sequía, nos matará de sed.

Si al ya conocido, aunque no superado, trasvase del agua del Ebro, añadimos las autopistas eléctricas con que el oligopolio energético tiene en mente enriquecerse con el negocio de la electricidad o el hidrógeno en Europa y la alteración del ciclo del agua con que los grandes de la tecnología de la información y la comunicación pretenden evaporar el agua aragonesa para que condense en sus cuentas de resultados, lo cierto es que el panorama no parece dejar demasiado hueco para ese tecno-optimismo que inunda los medios de comunicación aragoneses en un proceso social en el que lo único que no cambia es el sacrificio del territorio, del paisaje y la población de Aragón.

TRASVASES,... NO GRACIAS

 

Otras entradas sobre el trasvase: 

https://mareaazuldearagon.blogspot.com/search?q=TRASVASES

sábado, 28 de diciembre de 2024

ENERGÍA RENOVABLE, CENTROS DE DATOS,...... ¿Y AGUA?.



Si la injustIcia de la vieja cultura del agua de este pequeño país con nombre de río ha sido, en un pasado no tan lejano, una de las causas de su desequilibrio social y territorial, la electricidad viene pisando fuerte en materia de desigualdades. 

Como si una arcana maldición impidiera el desarrollo de unas zonas geográficas sin la explotación de otras, la presencia de fondos de inversión y empresas multinacionales que, por su propia esencia, no tienen el menor escrúpulo a la hora de maximizar sus beneficios caiga quién caiga, perpetúa el horizonte de explotación. El agua y la energía son hermanas en la especulación y tal como está el marco normativo, las concesiones de agua, a pesar de su condición demanial, pueden ser objeto de transacción en función de las condiciones del mercado.

"Negocidio" es el neologismo que algunos usan para explicar el éxito del capitalismo rentista surgido de la crisis financiera de 2008 que ha instalado a la plutocracia en todas las esferas de decisión. Y, como es lógico, Aragón no se libra de esta tendencia con el cambio climático como excusa perfecta.

El tiempo pasa pero la desigualdad permanece y la asimetría entre la España interior (apellidada vacía) y sus periferias y grandes ciudades que llevan tantos años nutriéndose del vacío interior, no lleva trazas de resolverse por más jornadas, programas y tertulias que se consagren al mantra de la "despoblación". Las  alabanzas a lo rural de los "Congresos del Bienestar" o cualquier otro formato cargado de tópicos, no son suficientes para ocultar el deterioro que no cesa mientras aumenta la brecha entre "las Españas".

En Aragón, la descontrolada implantación-especulación de centrales solares y eólicas, pensadas para exportar la energía a través líneas de transporte privadas, se está derivando hacia otras oportunidades de negocio. Bien por causas administrativas (caducidad de plazos) o debido al pacto de Esquerra Republicana con el PSOE para la gobernabilidad de Cataluña, las proyectadas  autopistas eléctricas de Forestalia hacia los países vasco, catalán o valenciano (con sus interconexiones con Francia) parecen encaminarse al futuro abastecimiento del Corredor del Ebro de hidrógeno, a las instalaciones de almacenamiento que unas veces amenazan Abizanda y otras Samitier y a los numerosos centros de datos que, si la razón no alcanza, llevan camino de asentarse. Se trata de un razonamiento perverso: si Aragón ya produce alrededor  del 150% de la energía que  consume, es perfectamente factible la utilización de ese excedente en nuevas industrias. Este interesado argumento pintado de progreso verde y sostenible, impide cuestionarse qué sentido tiene producir más de lo que se consume y, al mismo tiempo, preguntarse por el destino final de la plusvalía generada por esos excedentes y la parte que pueda quedar en la comunidad.

Fondos de inversión de todos los puntos cardinales que ven en el cambio climático una ocasión de negocio abonado con dinero público, están aterrizando en el reino de Aragón con el beneplácito de las administraciones públicas que, como en el caso del trasvase del Ebro, se comportan como facilitadores del negocio privado más que como valedores del bien público. 

Aunque Incluso la prensa local de mayor difusión refleje el desequilibrio patente entre las necesidades energéticas de Aragón y las expectativas generadas en torno a las renovables, el avance de estás nuevas iniciativas se muestra imparable. A la par, como si hubiera pasado un ángel, el ángel del marketing verde, reina el silencio. Tanto tiempo diciendo que el Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar, ha hecho a los aragoneses demasiado callados y sumisos a las directrices neoliberales. La sociedad no parece preguntarse por el sentido que tiene seguir produciendo más y más energía. El trípode económico, político y mediático se asienta con facilidad en una sociedad marcadamente hedonista que rehuye la crítica social y asume con facilidad el relato dominante. 

Tal como pasaba y pasa con el agua, los relatos que se articulan en lo relacionado con las energías renovables, solo muestran una parte de la realidad que acaba siendo, a imitación de la política nacional, un espectáculo dirigido a seducir a una opinión pública a la que se le vela una realidad más poliedrica que lo que muestran los verdes anuncios de las empresas energéticas.

La gestión del agua y de la energía eléctrica, no solo desde el punto de vista del cambio climático, sino desde la mayor globalidad de los límites planetarios, comparten un mismo error de partida. Ambas se siguen planificando "desde la oferta", cuando lo más razonable, eficiente y ajustado a la realidad, sería hacerlo "desde la demanda". Además ambas gestiones comparten un cálculo sesgado de los recursos existentes y de la eficiencia real de las técnicas propuestas que pueden hacer peligrar la descarbonización de la economía que, paradójicamente, es la razón que se apunta como motivo para su implementación.

España es el quinto país por número de centros de datos en Europa, solo desde 2020 se han incorporado treinta y seis nuevos, y en Aragón, que ya contaba con tres de Amazon a la espera de la llegada de otras tecnológicas, se esperan otros más de diez. A este paso, pese a las calculadas disminución de aportaciones de agua y del incomprensible aumento del regadío, seremos una de las zonas geográficas con más demanda de agua para estas instalaciones. 

Agua y energía forman un binomio perfecto de especulación que, de momento y sorprendentemente, no parece alarmar a los tradicionales usufructuarios de este recurso público que cada vez parece menos público.

OTROS ENLACES DE INTERÉS:


viernes, 22 de noviembre de 2024

LA DIGNIDAD DE LA MONTAÑA 25 AÑOS DESPUÉS

MADRID 2001

La Red de Agua Pública de Aragón acoge la propuesta con que la Asociación contra el Recrecimiento de Yesa “Río Aragón” recuerda  que en octubre de 2025 se cumplirán 25 años de las movilizaciones que bajo el eslogan “Por la Dignidad de la Montaña” unieron a los pueblos del Pirineo que en aquellos momentos se oponían a la construcción de los embalses de Jánovas, Santaliestra, Biscarrues y Yesa que estaban destinados a ser los reservorios de agua para los trasvases que el Plan Hidrológico Nacional proyectaba en aquel momento. 

Aquella lucha, constituyó un éxito de la movilización popular y supuso un punto de inflexión en la política hidráulica y el nacimiento del concepto de Nueva Cultura del Agua. Una nueva visión que, no sin dificultad, se ha hecho sitio en el imaginario colectivo aunque todavía quede mucho camino por recorrer. La vieja política hidráulica sigue imponiendo su discurso en el recrecimiento de Yesa y, también en Zaragoza, en el trasvase del Jalón en Mularroya. De igual forma, los sucesivos planes hidrológicos todavía están lejos de ordenar con equidad y equilibrio social un bien público como el agua que, en Aragón sigue siendo seña de identidad y en el espacio pirenaico, especialmente, se sigue mirando como objeto de colonización y extracción, desde despachos tan poderosos como lejanos.

El paso del tiempo ha cambiado el escenario pero la realidad de los pueblos y las gentes de las montañas y del mundo rural aragonés tienen hoy parecidos motivos para mantener viva la exigencia por la “Dignidad de la Montaña”. En estos 25 años, otros proyectos amenazan el derecho de los pobladores de aquellos territorios, levantados en lucha, a un modelo de progreso propio que no hipoteque su futuro. 

Las centrales eléctricas eólicas y fotovoltaicas con sus líneas de transporte, las plantas de fabricación de hidrógeno, las instalaciones de almacenamiento de energía o los centros de datos informáticos, son hoy el nuevo peligro de que Aragón se consolide como territorio de sacrificio para que otras regiones de España o Europa puedan mantener el viejo modelo de desarrollo. En todo este marco el Pirineo, hoy como ayer, sigue estando en el centro de la actualidad. 

Ayuntamiento de Graus. 2001

El siglo XXI que prometía convertir la montaña que une Aragón al resto de Europa en tierra de provisión, ha traído nuevas agresiones sociales y medioambientales de pareja gravedad a las obras hidráulicas contra las que luchó hace 25 años. A las políticas extractivistas para producir energía, hipotecando paisajes, agua y territorio, se suman políticas urbanísticas especulativas que limitan el derecho a la vivienda de los jóvenes que querrían hacer del Pirineo su hogar. Iniciativas, como la unión de estaciones de esquí Astún-Formigal a través de Canal Roya, en aras a modelos insostenibles en torno a la nieve, destruyen parajes de gran valor despreciando el cambio climático y perpetúan modelos turísticos que ignoran la cultura pirenaica a favor del consumo inmediato de ocio masivo ante el abandono del sector primario y la agroganadería familiar. Hay razones más que suficientes para clamar por la Dignidad de la Montaña con tanta fuerza como hace 25 años.

Por todo ello, además de conmemorar algo hermoso que se consiguió hace 25 años, desde Río Aragón y otros colectivos se piensa que es necesario rescatar aquella idea de DIGNIDAD para avanzar colectivamente hacia una sociedad acorde a las exigencias de una naturaleza que exige un cambio drástico en los modelos de desarrollo y de progreso humano.

Con ese objetivo, los colectivos convocantes invitan a coordinar en este tiempo que queda, un programa de trabajo de cara a que este 25 aniversario no sea solo la efeméride de algo pasado, sino también el comienzo de un proyecto de futuro compartido. Un trabajo que nos permita actualizar y consolidar un Nuevo Manifiesto por la Dignidad de la Montaña, que sirva de hoja de ruta en los próximos años que, sin duda, habrán de ser nuevamente de militancia y compromiso.



domingo, 27 de abril de 2025

LA DIGNIDAD DE LA MONTAÑA 25 AÑOS DESPUÉS. 2

Tal como ya recogimos en este blog el pasado mes de noviembre los colectivos que hace 25 años movilizaron a la montaña aragonesa se han vuelto a concentrar en Chanovas es 27 de abril. Otras personas y movimientos ciudadanos surgidos en este tiempo han acudido a esta cita, no tanto para recordar lo que fue como para proyectar lo que tendrá ser. 

El paso del tiempo ha cambiado el escenario pero la realidad de los pueblos y las gentes de las montañas y del mundo rural aragonés tienen hoy parecidos motivos para mantener viva la exigencia por la “Dignidad de la Montaña”. En estos 25 años, otros proyectos amenazan el derecho de los pobladores de aquellos territorios, levantados en lucha, a un modelo de progreso propio que no hipoteque su futuro. 

Las mal llamadas energías renovables con sus líneas de transporte, las plantas de fabricación de hidrógeno, las instalaciones de almacenamiento de energía o los centros de datos informáticos, son hoy el nuevo peligro de que Aragón se consolide como territorio de sacrificio para que otras regiones de España o Europa puedan mantener el viejo modelo de desarrollo. 

Por ello hoy la montaña reunida en Chanovas lanza esta propuesta y esta invitación al trabajo colectivo.


MANIFIESTO POR LA DIGNIDAD DE LA MONTAÑA 2025 

Un fantasma recorre el Pirineo…

Algo se mueve a través de estas montañas y discurre por los valles llegando a todos los pueblos y colándose por la puerta de cada casa que queda aún sin trancar.

Se siente en diferentes lenguas pero cuenta lo mismo.

Habla de lo que un día fuimos, pero se centra en lo que hemos de ser. Habla de viejos pantanos y de nuevas pistas de esquí. De cañadas y de autovías a medio-construir, de centrales hidroeléctricas y de placas solares. De rebaños y de discotecas en puerto. Del precio del alfalce y del parte de nieve en temporada. De la bombera forestal y del píster. Del carpintero y del Ikea. De Casa -con mayúscula- y de apartamento. De la cartera y del repartidor de Amazon. Del practicante, y del hospital sin UVI móvil. De la vieja sentada junto al portal y de quien la viene a cuidar.

Hablamos de lo que nos pasa. Porque no estamos aquí de paso. Nos criamos en esta tierra o vinimos a trabajar en ella. Y cada día nos echamos a la cama con la preocupación de qué será ésto en el futuro, porque a diferencia de quienes ven en el Pirineo sólo un paisaje, queremos vivir aquí.

Un día como hoy, hace 25 años, un manifiesto hablaba de estas montañas como el paradigma de una minoría. Minoría frente al llano aragonés, y minoría de Aragón en un mundo globalizado: éramos y aún somos parte de ese medio rural que llegaba agonizando al fin del siglo XX sin que las minorías hubiéramos contado para nada.

Nuestros pueblos se ahogaban, literalmente, y nos echaban de casa. Nuestros valles iban quedando inundados uno a uno por pantanos planificados desde Zaragoza, Madrid o Bruselas bajo el pretexto del progreso de las mayorías.

Pero entonces, la montaña se plantó y dijo basta.

Estos montes en los que creían que no vivía nadie se levantaron al unísono y el 25 de Octubre paramos. Las escuelas, los tajos, los servicios, las comunicaciones… Un paro general contra los mismos mercados a los que abastecía nuestro trabajo. Contra las directrices de los mismos partidos a los que pertenecían nuestros representantes. Contra quienes nos imponían un modelo de desarrollo sobre el que ni siquiera nos habían consultado.

Un día como hoy, hace 25 años, hicimos de estas montañas, casi más que nunca, un país. Nos unimos. Reclamamos nuestra soberanía y juntos conseguimos, simplemente, que para hablar de este territorio se nos tuviera en cuenta a quienes vivimos en él.

Y esa palabra fluyó como los ríos, y bajó hasta el llano. Inundó todo Aragón de una fuerza que abrió caminos e inspiró a otras luchas.

Y conseguimos que nuestra voz se escuchara en Zaragoza, en Madrid y hasta en Bruselas. Y llenamos las calles y las plazas. Y paramos muchos de aquellos pantanos. Se paró el trasvase. Salvamos muchos de nuestros pueblos y valles.

25 años después seguimos aquí.

Y pese al tiempo seguimos sufriendo de lo mismo. La misma planificación que nos llega desde ciudades lejanas a golpe de decreto de interés general, que no es otro que su interés particular. Y casi consiguen que nos olvidemos del nuestro propio.

De aquellos pantanos todavía queda el de Yesa, que tres décadas después es un despropósito al que siguen sin dignarse a renunciar. Quizá como venganza por aquella osadía, y como amenaza para que no nos volvamos a levantar.

Si no lo paramos hoy, donde no puedan almacenar más agua propondrán almacenes de litio, como el de Samitier, o querrán inundarnos de placas como en La Fueva.

Lo volvimos a ver en Canal Roya. Nuevos planes que no necesitamos y que encima pagamos nosotros. Que se repiten en Benás-Cerler y que se repetirán si no los paramos.

Es hora de parar cuando ya es imposible vivir. Cuando de la Val de Tena a la de Benasque, la vivienda digna cada día parece más un lujo que un derecho que se deba garantizar. Cuando todo el flujo de capital público termina en grandes empresas y sólo nos deja empleos basura y precariedad. Cuando queda tan claro que hay un interés que prevalece que no es el nuestro sino el suyo propio. El suyo ajeno. 

Es hora de demostrarles, que unidos de nuevo podemos hacer algo más que mendigar y consentir. Que tenemos derecho a decidir sobre nuestro futuro y en base a nuestros propios intereses. Que tenemos la fuerza de plantarnos. Porque sin estos montes y pueblos, aquellos llanos y ciudades tampoco serían lo que son.

Por eso hoy es momento de parar de nuevo las carreteras que suben desde el llano hasta los puertos, y preguntarnos por qué sólo se llenan los viernes y los domingos. Por qué cada día hay más competencia entre valles y entre pueblos, y menos apoyo mutuo entre vecinos, como ha sido siempre. Por qué tantas de nuestras casas, abiertas durante siglos, permanecen cerradas salvo 15 días al año. Por qué los jóvenes seguimos emigrando.

Vivimos tiempos en los que más que nunca se decide por nosotros. Y sólo les servimos callados y divididos. Pero si algo sabemos en estas montañas es que no valemos para servir. Y 25 años después sólo nos queda volver a ponernos en pie y exigir que, como entonces, se nos tenga en cuenta.

Tenemos que volver a unirnos y levantarnos al unísono por los que se levantaron entonces. Hasta parar el último pantano. Hasta detener la última ocurrencia energética impuesta. Hasta que la vivienda sea un derecho. Para cortar los recursos a quien especula con el turismo de masas, y redistribuirlos entre quienes lo trabajamos. Para construir una tierra donde vivir, con unas infraestructuras pensadas para los que las sufrimos a diario, y no sólo para quienes las utilizan los fines de semana. Por un lugar del que no nos fuercen a marchar, o al que visitar sólo en vacaciones. Por un lugar al que inmigrar, al que volver.

Por una montaña digna para quienes queremos vivir y trabajar aquí.

¡Montañeses y montañesas, arriba de una vez!

Por la dignidad de la montaña.

Firma de adhesión: https://www.o25paramos.org/