martes, 22 de septiembre de 2026

TECNOLATRÍA RENOVABLE

La nube habitada. Pilar Iturralde 2025

Comprobar  como los acontecimientos confirman los análisis escritos tiempo atrás no supone el menor consuelo. Más bien, decepción por haber llegado a creer en la posibilidad de un diálogo colectivo basado en la compartición de pareceres y que, articulando un discurso crítico respecto al crecimiento desaforado se pudiera alcanzar una cierta entente, si no cordial, al menos respetuosa. La idea de los límites del crecimiento no son el último grito de la ciencia, vienen de 1972, del informe del Club de Roma

Por eso cabría esperar (¡vana ilusión!) que los gestores de la cosa pública estuvieran al tanto de la realidad que la sociedad y especialmente la naturaleza, están poniendo sobre la mesa desde hace más de 50 años. Por contra, nos encontramos con un discurso socio-político que ha superado la tecnocracia para alcanzar la TECNOLATRÍA. Una huida hacia adelante, cuando delante ya casi no queda nada más que la esperanza, la esperanza de que a alguien se le ocurra publicar en el BOE un decreto sobre la MESURA. Cosa que de momento, no se ve en el horizonte.

La fantasía del progreso infinito, esa tecnolatría, convertida en narrativa nacional, ha prometido por "no se cuantas vez", una oportunidad de oro para el desarrollo de Aragón y por extensión para la salvación de la España Vaciada. Sorprende el candor con que este tipo de discursos tan triunfalistas como falsos, son aceptados en líneas generales por gran parte de la población que asume el creciente desequilibrio económico, la injusticia social, el odio al "otro" en una atmósfera en que la política de la inevitabilidad se troca en la de la eternidad tal como narra "El camino hacia la No libertad"

En esto, como en tantas cosas, los medios de comunicación mayoritarios, son co-responsables de la construcción de este ideario de fantasía. Política Disney la llaman algunos. Plegados a los intereses del monopolio energético y de los grupos de inversión que están haciendo de las energías renovables y sus industrias afines un nicho de negocio regado con dinero público. Esos medios y ya no hablemos de las redes sociales, son arte y parte en lo que tiene toda la pinta de convertirse en la siguiente burbuja del neoliberalismo. 

En ese lamentable juego social la corrupción crece como la hiedra, los poderes políticos, salvo honrosas excepciones, actúan como facilitadores del negocio de las burbujas, al que ya solo falta el seguidismo de las clases menos favorecidas para dar pátina de credibilidad a todo este embeleco. Es conocido que cuanto más grande es la mentira, más gente la creerá. Una ley de aplicación universal desde el Berlín de la esvástica de 1939 al Madrid de la fruta de 2026. 

Este blog se ha hecho eco frecuentemente del movimiento ciudadano crítico con la implantación apresurada y sin planificación  de las energías renovables a las que están vinculados los Centros de Datos de que tanto se habla y las fábricas de un hidrógeno (mal llamado) verde del que todavía se habla poco. Para completar el mosaico del crecimiento infinito, no faltarán los proyectos de bio-metano ni de bio-masa que las empresas teñirán de verde para convencer al súbdito/cliente (antiguo ciudadano) de la inevitabilidad de todo este desorden. 

Día si y día también los boletines oficiales informan de proyectos de  instalaciones de ganadería industrial cada vez mayores junto a otras de tratamiento de estiércoles y restos de matadero en una espiral en que se retroalimentan mutuamente ambas industrias. Secuenciando adecuadamente las noticias pueden ser (casi) fiel a la realidad y al mismo tiempo construir otra en paralelo que sirva a los intereses de quien paga la publicidad. 

La gente puede percibir al mismo tiempo que "Las cuencas del Aragón y Gállego-Cinca entran en alerta por sequía prolongada"   y  que  "Regantes sin agua donde planean centros de datos mientras Azcón dice que esta industria aporta más de la que consume". 

La suma de esas noticias representa un cierto desorden conceptual que quien lo lea deberá discernir entre la supuesta necesidad de más regulación para garantizar unas cosechas necesarias para la alimentación humana y la verdadera repercusión de los centros de datos en la economía y en la vida aragonesa. Todo ello además teniendo en cuenta que uno de los medios citados no ha hablado nada de la concentración de la superficie agraria en manos de grandes inversores ni de la imposibilidad científico-ambiental de construir más embalses. El otro no entra tampoco en que la llegada de nuevos demandantes a la planificación hidráulica, pueda generar una competencia compleja con los ya existentes que llevan toda la planificación hidráulica hasta le fecha exigiendo la ampliación del regadío en la cuenca. 

Los dos medios no alcanzan a la realidad. Al problema del reparto del recurso y apuntan tímidamente a que el sistema está capacitado para dar satisfacción a todos los demandantes que a menudo, confunden sequía con escasez. Porque la sequía se puede percibir como un daño colectivo mientras la escasez es propiedad del que exige un agua que  escasea. El mensaje más o menos explicito, según el medio de comunicación, es que todo se puede solucionar creciendo. Más regadío, mas centros de datos, más fabricas de hidrógeno y del cambio climático, ya hablaremos otro día. Y así nos plantamos en la TECNOLATRÍA de que ya hemos hablado.

En este proceso que nos lleva de la inevitabilidad a la eternidad, la población en su mayoría va a esperar respuestas a los problemas aunque muy pocos quieran hacer las preguntas adecuadas. Y si para eso debe abandonar la racionalidad y abrazar un pensamiento identitario con el más poderoso, sea regante o energética, pues se abraza y a otra cosa. Llegados a una situación tan compleja como las que citamos, muchas personas se sienten incapaces de comprenderla o cambiarla, optan por aceptar una versión ficticia y simplificada de la misma”. Es una especie de pacto colectivo en el que una gran parte acepta que el sistema está podrido, pero se finge que no es así para poder seguir adelante.

Si a esta situación doméstica aragonesa, con sus dimes y diretes, de si cabe más regadío o más inteligencia artificial, la endiablada geopolítica mundial, hija del neofascismo, suma la amenaza de una escalada de guerra generalizada y muchos buscarán su seguridad a cualquier precio, incluido el de su propia libertad. Un concepto este último también sometido a las leyes del mercado en el que las personas acaban por convertirse en sus propios explotadores, donantes de su libertad a cambio de una insegura seguridad. Admiradores y practicantes de la banalidad del mal.


Sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza.

 Walter Benjamín


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