Aunque en el fondo la política mundial no sea demasiado distinta a lo que ha sido siempre, sí es cierto que hay síntomas que disparan las alarmas a muchos niveles. Quizá el menos esperanzador de estos síntomas sea que poca gente esté dispuesta a escuchar esas alarmas.
El concepto que resume está ignorancia voluntaria de las evidencias de crisis sistémica que enfrenta la humanidad y especialmente Europa Occidental, es el de hipernormalización: el arte de fingir que todo sigue igual. Un arte practicado por todos los estratos sociales. Ni siquiera quienes apenas alcanzan a cubrir sus necesidades más básicas parecen dispuestos a mermar ni un ápice sus logros de consumo y, gracias a la contaminación informativa reinante, pueden llegar a depositar su confianza en la última versión del fascismo más zafio y escuadrista con tal les prometa que nada cambiará.
Este análisis, tal vez excesivamente generalista y abstracto, puede tener cierta proyección en la gestión del agua de Aragón. A este respecto el organismo de cuenca está liderando el proceso de elaboración del Plan Hidrológico de Cuarto Ciclo (horizonte 2028-2033). En la exposición del Esquema Provisional de Temas Importantes se plantean 25 temas divididos en 4 apartados. En el dedicado a "la atención de las demandas y racionalidad del uso", se contemplan 8 temas y, en concreto el nº. 15 trata de la "actualización de las limitaciones a los nuevos usos o ampliación de los existentes por insuficiencia de recursos hídricos".
Habida cuenta que Aragón está a la cabeza de las comunidades autónomas con mayor regadío de España y que este utiliza la mayor parte del recurso disponible (más del 90%), es lógico que sea esta la actividad preferente en el diseño del nuevo plan. No obstante, por tratarse del documento que debe diseñar y planificar el uso del agua a horizonte 2033 parecería lógico que incluyera en este apartado a los nuevos usuarios que se apuntan en el futuro. Nos referimos a las instalaciones de centros de datos y a las factorías de hidrógeno obtenido por hidrólisis.
Ambas novedades tecnológicas serán grandes consumidoras de energía y también de agua y ambas plantean un escenario de incertidumbre a medio y largo plazo habida cuenta que la disponibilidad de agua en la cuenca se estima que podrá disminuir entre un 20 y 40%. hacia fin de siglo.
Conociendo la expectativa de crecimiento del regadío y aunque a día de hoy se pueda considerar que la demanda de estos nuevos usuarios es claramente inferior a la agrícola, parecería recomendable generar en el planeamiento hidráulico un hueco a estos nuevos usuarios que, de seguir la tendencia iniciada, se pueden convertir en nucleares en el uso/consumo de agua.
Debería tenerse en cuenta no solo la cantidad de agua necesaria para el funcionamiento de estas nuevas actividades industriales, sino también la obligatoriedad de su prestación sea cual fuere la disponibilidad del recurso en la cuenca en todo momento. En caso de sequía, la agricultura puede ser susceptible de restricciones, pero no así los centros de datos o las factorías de hidrógeno que requerirán en todo momento la totalidad de su concesión para satisfacer su producción industrial.
Obra a favor de esta urgencia en la consideración de estos nuevos usuarios el brutal crecimiento, en contra de lo previsto en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y en el Plan Energético de Aragón, que tanto el hidrógeno como los centros de datos están experimentando en lo que tiene todo el aspecto de un proceso especulador. Una nueva burbuja energética con evidentes implicaciones en la gestión del agua que deberían tenerse en cuenta.
Tanto en el caso de los centros de datos como del hidrógeno (mal llamado) verde, existen dudas sobre sus verdaderas demandas de agua. Los proyectos de centros de datos no cuantifican/publicitan los consumos claramente aunque hacen profesión de fe de su circularidad. Aceptando que esto sea relativamente cierto, parecería igualmente plausible el hecho de que en verano (probable época de sequía) las instalaciones precisen mayor cantidad de agua para su refrigeración. Esta realidad, añadida a la masiva proliferación de instalaciones, produce un efecto multiplicador de consumos que se deberían considerar. Con respecto al hidrógeno la cosa es más compleja si cabe.
Pese a que no exista un consenso científico sobre la idoneidad/rentabilidad real de esta técnica de fabricación, lo que sí se sabe es que es gran consumidora de agua cuyo retorno al medio ambiente se realizará lejos de su producción. Dado que existen una amplia proliferación de proyectos (más de 90 plantas de producción que se suman a un hidroducto en el Eje del Valle del Ebro como parte de la Red Troncal Española de Hidrógeno) que están generando un movimiento de dinero público y de expectativas de negocio, no parece arriesgado aventurar que este previsible consumo de agua deberían contabilizarse también en el planeamiento de la gestión del agua de la cuenca del Ebro.
Al margen de nuestra opinión, totalmente contraria a esta nueva burbuja que amenaza seriamente el futuro de Aragón encaminándolo a ser productor de una energía que generará sus plusvalías en otros paisajes, creemos necesario que el diseño del próximo Plan Hidrológico considere la posibilidad de estas nuevas demandas. Unas demandas que van a competir necesariamente con otras, por ejemplo el regadío, ya programadas.
Este colectivo comparte corolario energético con los colectivos que se oponen a la implantación incontrolada de las energías renovables y de las industrias que, si la racionalidad no aterrizara en la Aljafería, cosa poco probable, llevan camino de perpetuar a Aragón como colonia energética con el decidido apoyo de una clase política aupada al poder desde las oligarquías. La oligarquía agro-mediática que, fiel a su tradición, prioriza sus negocios sobre cualquier otra realidad y con ello posibilita el crecimiento de la desigualdad en la comunidad autónoma.
Dicho esto y en sintonía con el arranque de esta entrada, es nuestra obligación esperar del MITERD que, en orden a su responsabilidad, planifique el futuro hidrológico de acuerdo a todas las realidades que gravitan sobre el Ebro. Hasta el momento, en el proceso de información pública se percibe una cierta tendencia al acomodamiento del planeamiento futuro a las realidades pasadas. Entendemos que el Plan Hidrológico de Cuarto Ciclo debería ceñirse a las exigencias que la imposición climática y los nuevos usos que se demandan, van a definir hasta 2033.
En ese sentido, dada la esperable competencia entre usuarios de los caudales disponibles, parecería necesario un dimensionamiento a la baja de las expectativas de nuevos regadíos de acuerdo a la capacidad real de la cuenca y, volvemos a repetir, la inclusión en la gestión de la cuenca del Ebro de todas las demandas previsibles.
Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio
Tácito

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