jueves, 21 de septiembre de 2023

RECORDANDO EL AGUA


El agua es un elemento que se mueve entre el más sutil simbolismo y el materialismo más grosero. En este oleaje inestable entre lo anímico y lo material, entre el inconsciente y la ciencia, quienes consideran el agua exclusivamente como un recurso para la agro-ganadería industrial u otras actividades productivas humanas, quizá debieran recordar sus experiencias de infancia y recuperar el valor de este mágico elemento de la naturaleza que es responsable directo de la vida en el planeta.  

Si es verdad lo que dice la ciencia, siempre poniéndole cifras a todo, todo el agua del mundo puede calcularse en 1,386 millones de km3, de los cuales el 97% está en mares y océanos.  El 3% restante (35 millones de km3), es agua dulce, pero no conviene olvidar que el 90% de los recursos disponibles de agua dulce del planeta están en la Antártida y que su aprovechamiento global es tremendamente irregular e injusto. Sirva como ejemplo que los estadounidenses consumen 575 litros por persona y día mientras en Mozambique no llegan a diez y que en medio de estos extremos los europeos consumen cinco veces menos agua que los norteamericanos. Tampoco se debería olvidar que el 90% del agua usada en países en vía de desarrollo vuelve a los ríos sin ningún tipo de tratamiento lo cual debería hacernos especialmente sensibles a la idea del Derecho Humano al Agua y el Saneamiento que debería ser centro y motor de las políticas de gestión de este recurso vital para el cuerpo y para el alma tanto de las personas como de las sociedades.

Pensar que el agua que hay en el planeta es la misma desde que llegó a la Tierra a través del impacto de cometas y asteroides o quizás cuando los volcanes la liberaron desde su interior, debería invitarnos a reflexionar sobre cómo tratamos este bien con que cuenta la humanidad. Pensar en "clave agua" debería hacernos especialmente sensibles y críticos con quienes tienen la responsabilidad de su gestión porque el trato que se de a este bien a nivel local repercute en su situación en todo el planeta. Las nubes no conocen fronteras.

Sin salir de Aragón ni de Zaragoza, grandes manchas de duda flotan en el agua. Sobre el plan de saneamiento la Red de agua Pública ha escrito mucho y aunque parezca que sus ideas han sido arrastradas por las avenida de los intereses partidistas y empresariales, lo cierto es que de de vez en cuando, afloran a la superficie para recordarnos que la situación del agua en Zaragoza no es, ni mucho menos, idónea y que hay muchos aspectos pendientes de resolver que deberían poner de acuerdo a  todas las administraciones que la tienen como competencia.

Tiene el ayuntamiento de Zaragoza y los zaragozanos con él, toda una serie de retos en materia de abastecimiento y saneamiento de los que, hoy por hoy, sabemos poco. El buen funcionamiento de la depuradora de la Cartuja es la garantía de que el agua del Ebro, tenga el nivel de calidad necesario para garantizar los usos de las poblaciones aguas abajo y la calidad ambiental del que es uno de los corredores de biodiversidad más importantes de la península. Habrá que esperar a que una banalidad del tamaño de La Romareda se pase de moda para que el consistorio explique qué, cómo y cuando se van a acometer las reformas/reconstrucción de tan importante instalación para la salud de toda la cuenca y sobre todo quien y cómo paga la factura.

De momento el Ayuntamiento de Zaragoza no tiene problema en subir las tasas de servicios públicos básicos como el suministro del agua y la recogida de basuras, mientras mantiene las bonificaciones a los impuestos que gravan la propiedad o la actividad empresarial. 

El Equipo de gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza ha anunciado su propósito de modificar las ordenanzas fiscales incrementando un 8,5% el recibo del agua y un 29% el recibo de la recogida de basura.  A la vez se renuncia a eliminar las bonificaciones de diversos impuestos que gravan la propiedad como el IBI o la actividad empresarial como el IAE.

Los incrementos de tasas de agua y basura pueden llegar a suponer un incremento de la presión fiscal de los zaragozanos por un importe de unos 10 millones de euros.  A esto hay que sumar los 14 millones que venimos pagando en concepto de IMAR al gobierno de Aragón por conceptos similares, sin que nos veamos compensados por devolución alguna para asumir las necesidades de en materia de saneamiento que la ciudad tiene.

Y si hablamos de abastecimiento, tampoco está suficientemente claro y queda pendiente la negociación del agua en alta de la ciudad con que el ayuntamiento tiene la posibilidad de ofrecer a sus vecinos un agua de excelente calidad. 

Pese a la, no del todo eficaz gestión administrativa, no nos cansaremos de decir que el agua de boca de Zaragoza es de suficiente calidad como para evitar la compra de agua embotellada y desde aquí volvemos a invitar a todos los vecinos a que, salvo situaciones concretas, beban con toda confianza del grifo de sus casas.

Para terminar, desde este blog, queremos apoyar la jornada reivindicativa que diversos colectivos cívicos y ecologistas de la ciudad van a realizar el próximo domingo en el barrio de La Cartuja. La participación y conciencia ciudadana se construye desde la colaboración, el trabajo en común y el pensamiento colectivo.   


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