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| Atardecer imperfecto. Foto: Maite Gracia Cazorro |
Los colectivos críticos a la implantación masiva de instalaciones de energía renovable, de centros de datos o de hidrógeno (mal llamado) verde que comparten la idea de "SiPeroNoAsi", no pueden sino levantar acta de todos los anuncios de BOEs o BOAs que inundan la atmósfera administrativa aragonesa.
Pese a ello, es de admirar el trabajo que se está haciendo por parte de estos grupos humanos que, además de hacer frente a la avalancha de proyectos que salen de las administraciones, tienen que lidiar con la voluntad de unos medios de comunicación que bendicen, desde casi todas las cabeceras y pantallas, el modelo de desarrollo impuesto desde las empresas del oligopolio energético y de las grandes tecnológicas. Una expresión más de marketing que cala en una gran parte de la población que navega como Dios le da a entender en el lamentable espectáculo mediático en que parece haberse convertido la convivencia ciudadana.
La información sobre el Plan de Interés General de Aragón "Región MSFT", promovido por la mercantil Microsoft 7724 Spain, SLU, es un ejemplo de ello.
Este proyecto, con un consumo total de 1.846 MW, equivaldría a unos 310 aerogeneradores o 3418 hectáreas de campos fotovoltaicos. Parece que en medio de toda la avalancha de proyectos, nadie cae en la cuenta de que estos (mal llamados) parques traen consigo daños considerables ya no solo sobre la biodiversidad sino también por el cambio profundo en los usos del suelo. Un desequilibrio territorial que las autoridades aragoneses soslayan.
Si se atiende al conjunto de centros de datos de que se está hablando, su instalación incrementaría la demanda de electricidad de la Comunidad Autónoma entre 5 y 15 veces. Esto obligaría a que más del 37% de los terrenos agrícolas estuvieran ocupados por instalaciones de energía renovable; es decir, a eliminar masivamente terrenos agrícolas y convertir zonas verdes en degradadas, una decisión que acabará por pasar factura al conjunto de esta comunidad autónoma.
Por mucho que este proyecto prometa el consumo de energías renovables y combustibles amigables con el medio ambiente para los equipos electrógenos de respaldo, estas instalaciones se enfrentan a graves problemas ecosistémicos, ahondan en la crisis climática y la irreversible transformación de suelos.
Las energías renovables tienen un gran coste medioambiental de producción. Desde la extracción de materias primas y su transporte, la fabricación de placas solares y componentes para aerogeneradores, hasta su transporte e instalación, se realizan con equipos que funcionan con energías fósiles y, por tanto, tienen afecciones directas sobre el cambio climático y el resto de límites planetarios. Asistimos a la paradoja de que la introducción de energías renovales puede empeorar la situación que se quería resolver con su implantación.
Este proyecto difunde la falsedad de que los efectos de las emisiones de GEI y calor se disipan; los efectos se diluyen en un espacio mayor y se reparten con los territorios vecinos potenciando el cambio climático. Si además se tiene en cuenta que las energías renovables no son continuas ni estables, cuando no haya suficiente sol o viento, deberán entran en funcionamiento las centrales térmicas o de ciclo combinado que emiten ingentes cantidades de GEI y de compuestos tóxicos. Los cálculos de emisiones de GEI del proyecto responden a una situación estable de abundancia energética renovable, algo que ya no puede garantizarse cuando el Gobierno de Aragón ha autorizado la conexión de 6300MW de potencia para el sector de centros de datos y otros 2500MW para la producción de hidrógeno y la acumulación de baterías. Ello implica multiplicar por nueve el actual consumo energético de Aragón y hasta por cuatro su actual producción renovable. Todo ello a beneficio de inventario de un sector que no parece dudar en recurrir a la corrupción para alcanzar sus objetivos.


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